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Ucrania. Sviatoslav Shevchuk: «Cuanto más se habla de treguas, peor estamos»

julio 5, 2026
en Portada, ENTREVISTAS, CONFLICTOS, ACTUALIDAD, Iglesia, RELIGION, Internacional
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«Ucrania está defendiendo su derecho a existir», asegura su primado grecocatólico, que en mayo peregrinó con sus fieles de España a la Almudena.

—¿Qué le trajo a Madrid en mayo?
—La primera razón es que en España hay hoy 500.000 ucranianos. La presencia grecocatólica ucraniana cuenta con más de 80 años. Empezó después de la Segunda Guerra Mundial cuando vino un pequeño grupo de los estudiantes. Tras la caída de la Unión Soviética vinieron muchos a trabajar. Este país los acogió de un modo muy hospitalario. Muchos son ya ciudadanos y se establecieron varias parroquias para su atención pastoral.

Cuando empezó la guerra a gran escala, el 24 de febrero del 2022, este país recibió a 250.000 refugiados. Por eso su presencia es tan grande. Tenemos a 36 sacerdotes que atienden 78 parroquias y centros pastorales. La semana de mi visita estuve visitando parroquias: en Cataluña, en Aragón, también en Madrid. Y por primera vez en la historia celebramos una peregrinación de todos los ucranianos de España. El arzobispo de Madrid, que es también el ordinario para los católicos orientales, nos invitó a la catedral de la Almudena. Fue extraordinario. La visita pastoral preparó el encuentro de nuestro Sínodo Permanente.

—¿Cuál es la otra razón?
—El cardenal Cobo, con su vicario del ordinariato, nos están señalando que hay nuevas exigencias pastorales. Hemos venido para proyectar y soñar el futuro, para que se vea que esta estructura del ordinariato no siempre es adecuada para esta nueva situación. El 52 % de los ucranianos en Europa ya están establecidos. Aunque terminara la guerra, es difícil que todos regresen. Su presencia no es una realidad temporal, sino estable. Por eso hay que pensar en un instrumento pastoral estable para el futuro.

Hay una tercera razón. Queremos crecer en comunión entre la Iglesia madre, la de origen de esta gente, y la Iglesia en España. Somos todos católicos. Nosotros estamos en comunión plena y visible con el Sucesor del Pedro. Por eso crecer en la unidad en la diversidad es muy importante para nosotros mismos, pero también para la Iglesia católica en España, que todavía está descubriendo que la Iglesia católica es mucho más grande que la Iglesia latina. La sociedad española no está acostumbrada a esta diversidad.


—El Sínodo Permanente se celebra cada vez en un país. ¿En esta edición se trataron solo temas relacionados con la estructura de la Iglesia grecocatólica en España? ¿O también generales?
—El Sínodo Permanente es un órgano canónico muy importante, pero según nuestra tradición es un equipo en movimiento permanente. Por ejemplo, en diciembre tuvimos sesión en Australia, en febrero a Brasil, donde tenemos un metropolita. Este movimiento siempre contribuye a aumentar la unidad de los ucranianos en la diáspora con la Iglesia de origen y los obispos del Sínodo se dan cuenta de cómo es nuestra Iglesia, que tiene la mayoría de sus estructuras fuera de Ucrania. Por ejemplo, tenemos cuatro metropolitas, en Polonia, Canadá, Estados Unidos y Brasil, lo que implica una estructura bien desarrollada. Y luego una eparquía en Francia, en Reino Unido, un exarcado en Alemania y los países escandinavos y acabamos de establecer otro en Italia. Es una riqueza.

—¿Son las estructuras que han planteado en España?
—Dialogamos, porque cada país necesita respuestas nuevas. Para nosotros fue muy importante escuchar al cardenal José Cobo y al presidente de la Conferencia Episcopal Española, porque nuestros sacerdotes están bajo una doble jurisdicción: la del ordinario para los católicos orientales y también la de los obispos locales de las diócesis donde están, y donde muchas veces ayudan también a las parroquias latinas donde están.

Ha sido un momento muy bueno para dialogar, escuchar y reflexionar juntos. Si hubiéramos venido imponiendo nuestras ideas, no iba a funcionar. Por otro lado, los obispos españoles necesitan ayuda de nuestra Iglesia madre para proveer pastoralmente las necesidades de nuestra gente. El éxito será fruto de la comunión y cooperación entre nuestras Iglesias.

El cardenal Cobo saluda a Shevchuk el 23 de mayo en la catedral, donde se congregaron unos 2.000 ucranianos. (Foto: Oleksandr Savranskyi)

—Imagino que también habrán traído noticias de la situación en Ucrania.
—La primera pregunta de todos es «¿cómo está Ucrania?». Nosotros compartimos que tenemos que lidiar con una guerra típicamente colonial en Europa en el tercer milenio. Es algo que sería inimaginable para un país democrático. Rusia considera a Ucrania su colonia rebelde, no acepta que exista una nación ucraniana. La clase dirigente de Rusia se siente ofendida por el hecho de que existan países independientes en lo que fue la Unión Soviética.

Esta guerra no es entre pueblos, sino entre dos proyectos de futuro. Ucrania eligió construir un país democrático, la integración en la UE. Rusia, volver atrás y el resentimiento, reconquistar los países que declararon su independencia. Quien paga es la gente sencilla: niños, ancianos, mujeres.

Ucrania está defendiendo su derecho a existir. Cuando el agresor dice abiertamente que tiene que solucionar definitivamente la cuestión ucraniana, eso quiere decir un genocidio. En dos de las zonas ocupadas por Rusia, que son más o menos el 18 % del territorio ucraniano, han arrasado a la población civil. Las grandes ciudades están completamente destruidas. La gente tuvo que huir o la mataron. Se descubren fosas comunes, crematorios que día y noche queman cuerpos. A los varones los mandan por la fuerza al frente para luchar contra el Ejército ucraniano.

Se está produciendo una cantidad innumerable de crímenes contra el derecho internacional y humanitario. Es un milagro que yo esté vivo: hace más de cuatro años las tropas rusas se pararon a 20 kilómetros de mi casa. Los crímenes de Bucha, de Irpin, fueron un ejercicio antes de, como decían ellos, «limpiar» Kiev. Pero el Señor nos protegió y supimos reconquistar estos territorios.

—El pasado invierno fue durísimo, de hecho algunos hablan de un Jolodomor, como el Holodomor pero derivado de la palabra «frío». Y aunque ha habido treguas desde Pascua, se están produciendo bombardeos durísimos.
—Fue el periodo más duro de la guerra. En la capital se alcanzaron los 20 ºC bajo cero y los rusos cada noche destruían sistemáticamente el sistema de calefacción centralizada de los barrios. Los grandes edificios se convertían en trampas de frío para la gente, las tuberías se congelaban y reventaban. En nuestra catedral abrimos un punto de resistencia, con un generador trabajando las 24 horas. Pero la gente creció todavía más en resiliencia para sobrevivir a estas situaciones inhumanas. Y la Iglesia demostró ser una estructura vital para su supervivencia. Hemos ganado otro tipo de batalla: en Ucrania en estos más de cuatro años ninguna persona ha muerto de frío o de hambre. Tenemos unos seis millones de desplazados internos que supimos recibir e integrar. También quiero dar las gracias a la sociedad española, porque Cáritas Internacional nos echó una mano.

—Mientras se producía todo esto, se hablaba de negociaciones y de la cercanía de un acuerdo. ¿Cómo se entiende?
—Realmente vivimos en un dualismo. Cuanto más se habla de acuerdos y treguas, de paz, peor estamos. Eso es muy difícil de explicar a la gente. Tenemos la sensación de que el agresor no respeta la diplomacia; tal vez la usa como un instrumento para legitimizar los crímenes de guerra. Si un presidente dice que Putin es su amigo, está aprobado lo que ese amigo está haciendo en Ucrania.

Muchas veces, este tipo de negocios tienen un carácter típicamente económico. Cada uno quiere obtener su propio lucro, su propio beneficio comercial. Pero por debajo, la población civil cada vez sufre más. Según la oficina de la ONU que monitoriza la situación humanitaria en conflictos, 2025 fue el año más sangriento de la guerra, con un 35 % más de víctimas civiles.

Como cristianos tenemos que rezar y defender la paz. Pero hay que distinguir entre una paz auténtica y el silencio de los cementerios. El Papa León XIV habla de una paz que es la paz del Cristo resucitado, la plenitud de la vida, que comprende el respeto de la dignidad de la persona, de la verdad y de la justicia en las relaciones.

El primado grecocatólico con un grupo de feligreses ucranianos en la sacristía de la Almudena. (Foto: Oleksandr Savranskyi)

—¿Cómo valora la actuación de la Santa Sede en el pontificado de León XIV?
—La voz del Papa es una voz profética, que muchas veces proclama la paz contra las corrientes políticas internacionales. Después de su último encuentro con nuestro presidente, León XIV por primera vez desde la invasión rusa de 2014 recordó algunas palabras clave. Dijo ante todo que para obtener un acuerdo de paz auténtica hay que respetar la Constitución ucraniana, que proclama el derecho de un Estado soberano y sus límites internacionalmente reconocidos, anteriores a 2014. No se puede obtener un acuerdo justo sin respetar esto.

—¿Qué más claves ha dado el Papa?
La segunda es que esto es una guerra en Europa. Y Europa tiene que jugar su papel y cumplir su responsabilidad. Justamente al final del año pasado se dio la impresión que esta solución de la guerra en Ucrania iba a ser un acuerdo entre los Estados Unidos y Rusia. Y una tercera cosa muy importante: no se puede conseguir la paz sin respeto por el derecho internacional y por el derecho humanitario. El Papa no solo es un profeta que anuncia estos principios sino que realmente demuestra cómo aplicarlos, una hoja de ruta. No es un utópico sino un realista, es un pastor que nos guía y demuestra el camino.

——En España, también presentó el libro con esos videomensajes del primer año de guerra que tanto interés suscitaron. ¿Qué significaron para usted?
—Jamás pensé en escribir un libro en un momento tan chocante. Pero sentí la gran necesidad de hacerlo. La gente exigía la voz de la Iglesia. Además, esta guerra desveló las preguntas existenciales fundamentales: ¿cómo ser cristianos en este tiempo? ¿Qué hacer? ¿Dónde está Dios? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? Como pastor me sentí en el deber de iluminar los momentos más oscuros de la historia. De modo espontáneo, hemos creado una espiritualidad cristiana en el contexto de la guerra.

Unos meses después me di cuenta de que esos mensajes son traducidos cada día a seis idiomas. Por eso, cuando se juntó todo este material empezó el período de la publicación. Un juez me dijo que era un testimonio que se podía presentar ante un tribunal internacional. Y va a ser muy interesante para los historiadores. Un teólogo va a estudiar nuestro razonamiento espiritual y pastoral, qué hicimos para dar este alimento espiritual sobre cómo ser cristianos en una guerra moderna, de una guerra de drones y de IA

—Sobre el papel de la religión en el conflicto, ¿qué papel juega el Consejo Panucraniano de las Iglesias y Organizaciones Religiosas (PUCCRO por sus siglas en inglés)? Engloba a algunas que están enfrentadas entre sí.
—Ucrania es un pueblo multirreligioso y multiconfesional. El 52 % de la población es ortodoxa; una mayoría es integrante de la Iglesia autocéfala, un 5 % son fieles a la Iglesia de Moscú y los demás no se identifican con una estructura formal; es una situación muy difícil para ellos, sufren un trauma a causa de la instrumentalización que Rusia ha hecho de la Iglesia de Moscú. Los grecocatólicos somos un 12 % y hay un 1 % de latinos. Hay protestantes y grupos muy importantes de judíos y de comunidades islámicas.

El PUCCRO representa al 75 % de la población. Es la organización civil más potente de Ucrania. Y desde que empezó la guerra está ejerciendo una voz muy importante para toda la sociedad. Estamos viviendo otra forma de ecumenismo y de diálogo interreligioso que yo llamo existencial, porque todos nos enfrentamos al mismo desafío existencial. Yo sentí esto personalmente en Bucha cuando visité las fosas comunes. Entendí que allí todos somos iguales. El bombardeo ruso no distingue entre católico, ortodoxo, judío, musulmán. Todos somos seres humanos. Y eso nos une. También porque supimos colaborar para salvar vidas humanas. Salvamos a muchas personas en Bucha e Irpin gracias a la cooperación con los pastores protestantes.

El PUCCRO es un organismo muy importante para incentivar esta cooperación interna del pueblo. También de cara a la comunidad internacional es una voz muy autorizada y respetada. Publicaremos un libro con todas nuestras cartas en 30 años, pues supimos desarrollar una doctrina social de las Iglesias y de las asociaciones religiosas de otras religiones, sobre la dignidad humana, la libertad, la inviolabilidad de la vida humana, los valores familiares, el derecho institucional del país y el derecho internacional.

Son temas muy importantes que pueden ser un testimonio de la unidad y la cooperación entre las distintas religiones en Ucrania. Cuando el Papa Francisco nos vio juntos, dijo que estábamos hablando de una sola cosa, el amor a nuestra madre, nuestra Ucrania. Fue muy emocionante.

MARÍA MARTÍNEZ LÓPEZ
Alfa y Omega
Publicado el 2.7.2026

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