En una multitudinaria vigilia de oración en Montevideo, el Papa invitó a los uruguayos a vivir la fe con esperanza en medio de la secularización y la indiferencia religiosa. A partir de la imagen de Belén, alentó a los jóvenes a no temer al compromiso, a las familias a abrirse a la vida y a todos los cristianos a convertirse en testigos de la alegría del Evangelio.
Montevideo (Uruguay), 7 de noviembre 2026.- Miles de personas hicieron filas durante horas en distintos sectores aledaños al Estadio Centenario para participar en la vigilia de oración presidida por el Papa León XIV este sábado 7 de noviembre. La espera estuvo acompañada por una previa musical con actuaciones de distintos artistas. A su llegada al recinto, el Pontífice fue recibido por un cordón de voluntarios, en su mayoría jóvenes, que facilitaron su paso, mientras una muchedumbre cantaba «Papa León, te queremos un montón» y sonaba el himno oficial de la visita, «Les anuncio una gran alegría».
«Para iluminar mucho no hace falta ser muchos, sino reflejar la luz del Señor». Con estas palabras, el Sucesor de Pedro resumió uno de los mensajes centrales de su encuentro con los fieles uruguayos, celebrado al finalizar el segundo día de su viaje apostólico a Uruguay. Según las autoridades locales, unas 70.000 personas participaron en la vigilia dentro del estadio, mientras que otras 30.000 siguieron el encuentro desde los alrededores, a través de las pantallas gigantes instaladas para la ocasión. Pese a las bajas temperaturas de la noche montevideana, el calor humano, la alegría y la emoción de los presentes hicieron olvidar por momentos el frío.
Al comienzo de su alocución, agradeció al cardenal Daniel Sturla, arzobispo de Montevideo, por las palabras de bienvenida y los testimonios compartidos durante la celebración. Asimismo, reconoció la fidelidad silenciosa de quienes, a lo largo de los años, han mantenido viva la fe en el país: familias que la transmiten a sus hijos, sacerdotes y consagrados que entregan su vida, jóvenes comprometidos con sus comunidades y laicos que sirven a los demás por amor a Dios.
«La Iglesia les está profundamente agradecida», afirmó, al recordar que el fruto de la evangelización no siempre resulta visible para quienes lo siembran.
Belén, una luz para las comunidades pequeñas
Para iluminar la experiencia de los católicos en una sociedad donde la fe ya no ocupa el lugar que tuvo en otras generaciones, León XIV recurrió a una imagen bíblica: Belén, la pequeña ciudad de Judá en la que nació Jesús.
El Papa recordó que el profeta Miqueas la había llamado «pequeña entre los clanes de Judá», mientras que el Evangelio de san Mateo proclama que «de ningún modo eres la menor». Su dimensión geográfica y su importancia política no habían cambiado; lo que transformaba su significado era la elección de Dios.

De este modo, invitó a los creyentes a no medir la vitalidad de la Iglesia únicamente por su presencia social o por el número de sus miembros. La experiencia uruguaya, señaló, puede ofrecer una enseñanza a otras comunidades del mundo que comienzan a experimentar lo que significa vivir la fe siendo minoría.
En este contexto, vinculó el relato del nacimiento de Jesús con una realidad contemporánea: la indiferencia. «No había lugar para ellos», recuerda san Lucas. Para el Pontífice, aquella frase puede representar una sociedad tan ocupada en sus proyectos, afectos y distracciones que termina por no advertir la ausencia de Dios ni cuánto lo necesita.
«Cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar», advirtió.
Ante esta realidad, exhortó a custodiar a Cristo en el centro de la existencia mediante la oración, la participación en la Misa, la Confesión y la lectura meditada del Evangelio. «Todos hemos de volver una y otra vez a ser discípulos», subrayó.
Ser testigos que conduzcan a Cristo
La figura de los Magos de Oriente permitió al Papa desarrollar otra dimensión de su mensaje: la responsabilidad misionera de cada bautizado. Aquellos hombres habían visto una estrella, no conocían con precisión el destino de su viaje y tampoco podían explicar completamente lo que buscaban. Sin embargo, aquella luz despertó en ellos una inquietud que los puso en camino.
León XIV invitó a los presentes a reflejar esa misma luz en su vida cotidiana, de manera que quienes se encuentren alejados de la Iglesia o nunca hayan abierto una Biblia puedan descubrir, a través del testimonio cristiano, el deseo de buscar a Dios.

En particular, dirigió palabras a los jóvenes, a quienes animó a dar el paso del matrimonio y la formación de una familia: «¡No le teman al ‘para siempre!'». A los matrimonios los exhortó a abrir sus hogares a la vida, incluso cuando la cultura contemporánea presente a los hijos como una carga.
También invitó a quienes sienten la llamada al sacerdocio o a la vida consagrada a no ignorar esa voz por miedo a renunciar a otras posibilidades.
La coherencia evangélica, añadió, se manifiesta igualmente en las decisiones concretas: ser justos y honrados cuando hacerlo tiene un precio, perdonar cuando parece una derrota y hacerse últimos cuando el mundo invita a pensar únicamente en uno mismo.
«Que quien los mire pueda preguntarse: ‘¿Por qué vive así? ¿De dónde saca esta libertad? ¿Por qué se aman tanto?'», planteó.
La estrella, aclaró, no era la meta de los Magos, sino el signo que los conducía hacia Cristo. De igual manera, la vida de los cristianos alcanza su plenitud misionera cuando despierta interrogantes que llevan a otras personas al encuentro con Jesús.
«¡Jesucristo es nuestra esperanza!»
El Santo Padre recurrió después al relato de los pastores de Belén. A diferencia de los Magos, ellos no habían emprendido una búsqueda ni seguían una señal en el cielo. Simplemente cumplían sus tareas cotidianas cuando el anuncio del ángel irrumpió en medio de su noche: «No teman, porque les anuncio una gran alegría, que será para todo el pueblo».
En esas palabras encuentra inspiración el lema de la visita apostólica del Papa a Uruguay. Para León XIV, la Iglesia ha recibido una noticia que merece ser anunciada al mundo entero: Jesucristo, el Hijo de Dios, se ha hecho hombre y es Dios con nosotros.

«¡Jesucristo es nuestra esperanza!», exclamó, al enumerar los signos concretos de esa esperanza: el perdón de los pecados, el acompañamiento a quienes atraviesan la enfermedad y la muerte, la posibilidad de comenzar de nuevo y el encuentro con Cristo en la Eucaristía.
Ninguna institución, reconoció, puede sustituir el anuncio de que el amor de Dios es más fuerte que la muerte, el odio, la violencia, la guerra y el pecado.
Asimismo, destacó que esta alegría está destinada a «todo el pueblo», no solamente a quienes ya buscan a Dios o se consideran preparados para recibirlo. Mientras algunos necesitan ser acompañados en su búsqueda, otros esperan que la Buena Noticia salga a su encuentro en medio de sus propias noches.

Una invitación a la santidad y a volver a Belén
Al evocar el regreso de los pastores a sus campos después de encontrar a María, José y el Niño, el Pontífice señaló que volvieron a sus trabajos y a sus dificultades habituales, pero ya no eran los mismos: habían encontrado a Cristo.
Con esa imagen, invitó a los uruguayos a permitir que la vigilia se convierta en un verdadero encuentro transformador. «¡Sean santos!», exhortó. No basta con una vida simplemente correcta ni con una fe de costumbre que se contente con lo indispensable. La santidad, explicó, consiste en vivir la abundancia de la vida en Cristo, con libertad y autenticidad, hasta hacer deseable un compromiso pleno con el amor, la verdad y la felicidad.
«¡No le den a Dios solamente una parte de ustedes, dense por completo!», pidió.

En el tramo final de su discurso, León XIV volvió a la imagen que había acompañado toda su reflexión: Belén. Invitó a que el encuentro con Jesús se haga visible en las decisiones, los afectos y las acciones de cada día, también en aquello que permanece oculto a los ojos de los demás.
Recordó, además, el significado del nombre Belén, «casa del pan», como una referencia al nacimiento de quien se entregaría como Pan de Vida. Por eso, animó a los fieles a buscar a Cristo en la Eucaristía y en la adoración, a hablar con Él como con un amigo y a dejarse mirar por su amor.
Finalmente, confió la vida del pueblo uruguayo a Nuestra Señora de los Treinta y Tres, a quien presentó como Estrella de la mañana que conduce hacia su Hijo. Con una oración de disponibilidad y entrega, invitó a todos a responder, como María, a la llamada de Dios: «Heme aquí, Señor, he aquí tu siervo, tu sierva, ¡hágase en mí lo que Tú quieras!».
SEBASTIÁN SANSÓN FERRARI

León XIV en Uruguay: No se puede ser indiferente ante el sufrimiento ajeno
Casavalle, un barrio construido sobre el esfuerzo y el dolor de sus ciudadanos, recibió hoy al Santo Padre en su segundo día en Uruguay, quien exhortó a los fieles a poner en práctica la caridad y fomentar la paz a pesar del contexto que les circunda.
Ciudad del Vaticano, 7 de noviembre 2026.- Durante su segunda jornada del viaje apostólico en Uruguay, el Papa León XIV fue recibido en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en el barrio de Casavalle, un sector vulnerable, afligido por la pobreza en Montevideo, desde donde instó a los fieles a asemejarse al buen samaritano, con actos de caridad que fomenten la paz.
Desde ese lugar, el Santo Padre se acercó alegremente a la comunidad, escuchó sus testimonios, se hizo uno con los padecimientos de los fieles y utilizó el «Encuentro con la realidad social de Casavalle» como el escenario ideal para brindar palabras de aliento y esperanzas a quienes, a veces, la indiferencia los atrapa.
«Es una gran alegría para mí poder visitar esta parroquia, recorrer las calles de este barrio y conocer las obras que con tanto esfuerzo se han realizado. Viéndolos, me siento como en casa, recordando las visitas a distintas comunidades como misionero».
La misión de las parroquias
La parroquia desde donde pronunció sus palabras el Santo Padre, dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, «Patrona de América Latina y Emperatriz de las Américas», recordó al Pontífice que es la Virgen María quien exhorta al pueblo a «abrir nuestros corazones a realidades eternas», una misión encomendada a todos los fieles pero que interpela, de forma particular, a las parroquias.
“«María nos enseña a hacer lo que nos dice su Hijo Jesús (cf. Jn 2,5), y esa es la misión de las parroquias: ser como un faro que señale la presencia de Jesucristo, ofreciendo a todos la luz de la Palabra de Dios, el auxilio de los Sacramentos, la ayuda de la oración y el bálsamo de la caridad fraterna».”
A partir de esta premisa, el Sucesor de Pedro reconoció la importancia que tiene el rol de María como «nuestra Madre del Cielo», al ser ella quien hace un llamado particular al pueblo de Dios a elevar su mirada y abrir sus corazones a los demás, una petición a la que respondió la comunidad parroquial de Casavalle al llevar «adelante un proyecto de construcción de varias viviendas destinadas a familias de escasos recursos», una iniciativa a la que contribuyó el Romano Pontífice «a través de los benefactores de la Papal Foundation, a quienes agradezco sinceramente su generosidad».
Del mismo modo, el Papa recordó que la misión de la Iglesia « nace de la caridad evangélica “que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que estas se manifiestan con mayor gravedad. Cuando interviene, lo hace imitando al buen samaritano, con discreción y cercanía”».
A semejanza del buen samaritano
En este contexto, el Santo Padre manifestó a los presentes, a partir de la parábola del buen samaritano, que resulta esencial ser fieles y cumplir con el llamado a actuar con caridad, a tender la mano a los hermanos que tienes necesidad y ser, para ellos, luces de esperanza.
«Quisiera compartir con ustedes una historia que Jesús contó a sus discípulos […]. En ella se cuenta que un hombre “cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto” (v. 30). A la terrible agresión que recibió el hombre que iba por el camino, se le sumó, además, el dolor causado por la indiferencia […]. Pero la historia no termina allí; en el relato se enciende una luz de esperanza: un samaritano, al verlo se conmovió, se acercó, curó sus heridas, lo condujo a un albergue y ofreció los medios necesarios para su cuidado y recuperación».
Se trató, de un relato bíblico cuya vigencia trasciende el tiempo, que se vislumbra actualmente en los casos de violencia e inseguridad que atentan contra la paz de los sectores donde se hace vida comunitaria, contra las familias y contra tantas personas que, cuando más lo necesitan, reciben sólo indiferencia de parte de los demás.
Ante esta realidad, el Papa León XIV destacó que existen «numerosas instituciones y personas de buen corazón que contribuyen a fomentar la paz y que ayudan a las personas a hacer frente a sus necesidades de manera concreta».
Alejarse de la indiferencia y abrir el corazón a los demás
Asimismo, el Pontífico retomó los testimonios ofrecidos durante el encuentro, al motivar a los feligreses a apostar «por la cercanía caritativa del buen samaritano», alejándose de la indiferencia a fin de abrir su corazón a su hermano que sufre.
«No podemos pasar de largo cuando sabemos que hay niños en Uruguay que no van a la escuela por miedo a no volver. No podemos acallar nuestra conciencia cuando constatamos que una madre no tiene los medios para alimentar a sus hijos. No podemos ignorar que en nuestro entorno hay mucha gente que sufre, que está sola y es vulnerable».
Por lo tanto, enfatizó el Vicario de Cristo, es fundamental que la Iglesia trabaje en unidad, con la sociedad civil y el Estado, en pro del bien común y de la construcción de una paz duradera.
“«En nosotros está la decisión de construir una nueva ciudad, en la que nadie sea excluido, o de seguir cómodamente sumido cada uno en sus propios asuntos […].Unamos por tanto nuestros esfuerzos y respondamos con generosidad a la llamada a edificar juntos una patria de hermanos».”
Finalmente, el Santo Padre impartió su bendición y encomendó a la comunidad parroquial de Casavalle a la protección de la Virgen de Guadalupe, por quien siente «especial afecto y veneración, pues en su fiesta recibí la ordenación episcopal».
ARIANA PERNÍA PAOLINI

El Papa propone tres símbolos que nos ayudan a buscar la presencia de Dios
“Construir puentes, estar unidos como los palmares y compartir la vida con un mate”, fueron las tres invitaciones que realizó el Papa León XIV a los más de mil fieles y peregrinos que se congregaron en la plaza exterior de la basílica catedral de Paysandú, dedicado a Nuestra Señora del Rosario y san Benito de Palermo.
Montevideo (Uruguay), 7 de noviembre 2026.- “Estos símbolos nos ayudan también a seguir viviendo nuestra vida a pesar del dolor, de las dificultades, de los desafíos, buscando la presencia de Dios entre nosotros y recibiendo del Señor la fuerza, la valentía de vivir nuestra fe, de proclamar nuestra fe en Jesucristo que nos ha dado la vida”, lo dijo el Papa León XIV este 7 de noviembre, al saludar a los fieles y peregrinos que se congregaron en la plaza exterior de la basílica catedral de Paysandú, dedicado a Nuestra Señora del Rosario y san Benito de Palermo, tras concluir la celebración de la primera Misa en América Latina como Obispo de Roma.
Ser constructores de puentes
Después de presidir la Santa Misa en el parque “París Londres” de Paysandú, en la segunda jornada de visita apostólica a Uruguay, el Santo Padre se traslado hasta la basílica de Nuestra Señora del Rosario para un momento de oración. A los más de miles de fieles que se congregaron en la plaza exterior de la basílica el Pontífice les agradeció por la acogida que le brindaron a su llegada y les recordó que en su homilia había hablado de “tres símbolos, tres expresiones que expresan muy bien parte de la vida, parte de nuestra vida cristiana”. Y refiriéndose al primer símbolo los invito a ser constructores de puentes.
“Como aquí tienen ustedes este puente que une países, tenemos que construir puentes que unen a todos los pueblos. Nos unen en la fe, nos unen porque creemos en un solo Dios y creemos que la paz es posible y queremos construir la paz”.

Estar unidos como los palmares
Luego, el Papa León XIV invitó a los fieles a estar unidos para seguir construyendo comunidades de fe.
“Los palmares que representan que queremos estar unidos todos, queremos construir comunidades de fe”.

Con el mate compartir y dialogar
Y finalmente, el Santo Padre se refirió al mate, a esta expresión tan importante de la cultura uruguaya, “donde dos amigos, dos familiares, están unidos a compartir muchas veces, dialogando sin palabras, pero estar unidos a compartir la vida, a pesar de las dificultades, también las alegrías”.
“Pues que estos símbolos nos ayudan también a seguir viviendo nuestra vida a pesar del dolor, de las dificultades, de los desafíos, buscando la presencia de Dios entre nosotros y recibiendo del Señor la fuerza, la valentía de vivir nuestra fe, de proclamar nuestra fe en Jesucristo que nos ha dado la vida”.

Antes de despedirse de Paysandú, el Papa León XIV les ofreció la bendición apostólica “como pequeño gesto de su deseo de estar siempre cerca de ellos”.

Al llegar al Aeropuerto Internacional General de Brigada Tydeo Larre Borges, el Papa se despidió de las autoridades locales. En la sala de espera del aeropuerto, firmó el Libro de Honor de la Ciudad de Paysandú y escribió una oración.
“Le pido al Señor que bendiga al pueblo de Paysandú, fortalezca su esperanza y haga fructificar el bien que siembran cada día”.
RENATO MARTÍNEZ
