En su intervención ante el Consejo Ejecutivo de la Organización, monseñor Roberto Campisi, observador permanente de la Santa Sede, destaca la necesidad de orientar las decisiones y los recursos hacia la protección de la dignidad humana. Entre las prioridades figuran el apoyo a los docentes, la educación para la paz en zonas de conflicto y la protección de los jóvenes frente a los riesgos de la inteligencia artificial.
12 de coctubre 2026.- «La persona antes que el programa». En torno a estas palabras, retomando lo dicho también por el Papa León XIV, monseñor Roberto Campisi, observador permanente de la Santa Sede ante la Organización de la ONU dedicada a la educación, la ciencia y la cultura, centró su intervención ante el Consejo Ejecutivo de la UNESCO. «En el marco del proceso UNESCO80 y de la preparación del programa y del presupuesto para 2028-2029, esto significa que la eficacia administrativa debe medirse en función de una mayor capacidad para servir a la persona y que la revisión de la red de oficinas fuera de la sede debe preservar la cercanía a las comunidades en las situaciones más vulnerables, por ejemplo, en contextos de crisis», afirmó, añadiendo que «la escasez de recursos» debe «conducir a una selección más rigurosa de las prioridades», sin que sean únicamente la disponibilidad de financiación o la visibilidad de las emergencias las que las determinen.
Apoyar a los docentes y educar para la paz
Una de las prioridades se refiere a los docentes. En la «Magnifica humanitas», León XIV afirma que «es necesario apoyar la formación continua de los docentes a lo largo de toda su vida profesional», y esto —dice Campisi— «debe permitir promover unas condiciones de trabajo dignas, la libertad y la responsabilidad educativa, así como la colaboración con las familias». Una responsabilidad urgente en los territorios afectados por la guerra, donde es preciso «garantizar la continuidad de la educación, apoyar a los docentes y atender las heridas internas de los jóvenes», poniendo sobre todo en primer plano «la importancia de la educación para la paz».

Inteligencia artificial: proteger la dignidad de los jóvenes
No menos fundamental es escuchar la voz de los jóvenes en el proceso de reforma de la UNESCO80, añade. Así, «en el marco de los trabajos del Consejo Ejecutivo sobre los retos relacionados con los jóvenes y los entornos digitales en la era de la inteligencia artificial», la delegación de la Santa Sede «desea aportar su contribución a la reflexión», a la luz de una antropología que reconoce que cada persona es «concebida y querida por Dios» y que su dignidad «es un don que la precede y la trasciende», afirma. Porque, como recordó el Papa en la UNESCO, en la era digital la vulnerabilidad de los jóvenes «nunca debe convertirse en una ocasión de explotación», y las tecnologías deben «apoyar su crecimiento, su educación y sus relaciones, preservando su libertad de pensamiento y de discernimiento, y permaneciendo siempre al servicio de la dignidad de la persona humana». Por lo tanto, sigue siendo insustituible «el papel de las familias, de las relaciones humanas y de los educadores», que debe considerarse «desde una visión integral, al igual que la responsabilidad de los actores del mundo digital», concluyó.
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