La tercera sesión del Consistorio concluye con una reflexión sobre las divisiones en el mundo contemporáneo y la necesidad de subrayar la doctrina social de la Iglesia.
Ciudad del Vaticano, 29 de junio 2026.- El pasado día 27 fue una mañana de debate en el Aula Pablo VI para los cardenales presentes en el Consistorio convocado estos días en Roma por León XIV. Los temas centrales de las conversaciones fueron la necesidad de apoyar al Papa en sus llamamientos a la paz, haciéndolos «aún más efectivos» al integrarlos en sus diócesis y regiones; reflexionar sobre las «profundas fracturas de nuestro tiempo», que alimentan la «falta de sentido y de relaciones significativas» y fomentan un individualismo «exasperado», exacerbado aún más por los desarrollos más problemáticos de la inteligencia artificial; y promover, en cambio, el «bien común» y un Evangelio capaz de sanar las heridas del presente, haciendo de los cristianos «no espectadores de la ruina social, sino sabios arquitectos que reconstruyen la ciudad para todos».
Esta tercera sesión del Consistorio comenzó tras la Misa celebrada por el cardenal Giovanni Battista Re, Decano del colegio cardenalicio y tuvo como moderador al cardenal Protase Rugambwa, arzobispo metropolitano de Tabora. Como viene siendo habitual estos días, el Papa participa al inicio de las sesiones y se marcha en los momentos de debate por grupos, para volver de nuevo al aula al final de la sesión.
En el debate de esta mañana se pidió a los cardenales hacer «aún más efectivos» los llamamientos del Papa a la paz, asumiendo la responsabilidad de su implementación en sus diócesis y regiones, «para que se eleve un llamamiento unificado que fortalezca aún más este compromiso común».

Según ha comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, tras una presentación del cardenal Stephen Brislin, arzobispo de Johannesburgo, los once grupos centraron sus reflexiones en las divisiones que asolan el mundo contemporáneo. Entre otras cosas, destacaron cómo la pérdida de identidad puede fomentar «una actitud tribal».
El valor del bien común
Los cardenales también coincidieron en que el individualismo generalizado alimenta «la ilusión de que los demás existen para nuestro éxito» y cuestionaron cómo se puede orientar la inteligencia artificial hacia el bien de la humanidad, sin reducir a las personas a «números y estadísticas».
Muchos grupos también destacaron el valor del bien común, «que la política a menudo descuida», haciendo hincapié en cómo este se origina en la fe y conduce a la humanidad «a superar toda frontera, la primera que nos lleva más allá de nosotros mismos, a vivir en solidaridad con los pobres, como respuesta al individualismo, viviendo plenamente la catolicidad». Los cardenales reiteraron el papel de la política en la aplicación de la doctrina social de la Iglesia como antídoto contra las divisiones.
Varios grupos también resaltaron el valor de la sinodalidad como camino hacia la escucha, el diálogo y la corresponsabilidad eclesial. Tras las presentaciones, varios cardenales abordaron los temas surgidos durante la sesión de manera más personal, mientras otros expresaron su gratitud al Papa por sus recientes viajes apostólicos y su constante compromiso con la paz.

¿Una Iglesia sobrecargada?
Tras la ponencia introductoria del cardenal Mario Grech, secretario general de la Secretaría General del Sínodo, en la cuarta y última sesión del Consistorio los cardenales abordaron el riesgo «de que la complejidad de la consulta pueda sobrecargar a la Iglesia en un momento en el que está llamada a dar su testimonio», informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Al mismo tiempo, se reiteró que tanto la Iglesia jerárquica como el Pueblo de Dios participan, aunque de manera diferente, «en el discernimiento de lo que el Espíritu dice a la Iglesia».
Además, los cardenales reflexionaron sobre la necesidad de ofrecer al clero una imagen del sacerdocio «bella, creativa, evangélica y, al mismo tiempo, no clerical». En el centro del debate se situó también el riesgo de que la complejidad de los procesos de consulta pueda lastrar a la Iglesia precisamente cuando está llamada a ofrecer su testimonio al mundo.
JUAN LUIS VÁZQUEZ DÍAZ-MAYORDOMO
Alfa y Omega
