Al concluir las sesiones de primavera, la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea, reunida en Nicosia hasta el 24 de abril, recuerda los numerosos conflictos y el sufrimiento de tantos pueblos en todo el mundo. Los Obispos europeos: Profundamente consternados por las tragedias que han provocado la pérdida de innumerables vidas humanas, la destrucción generalizada y las crisis humanitarias que afectan a tantas familias.
Nicosia, 28 de abril 2026.- La Unión Europea y sus Estados miembros deben seguir «actuando unidos y con determinación, intensificando su compromiso diplomático, político y humanitario para proteger la dignidad humana, defender el derecho internacional y apoyar iniciativas inclusivas de consolidación de la paz, garantizando que se escuchen las voces de todos, incluidas las comunidades religiosas, y se respeten sus derechos». Esta es la exhortación de la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea), publicada al concluir su Asamblea plenaria de primavera, celebrada en Chipre del 22 al 24 de abril. Los Obispos delegados, en una declaración titulada «Un llamado urgente a buscar y cultivar la paz», expresaron su profunda preocupación por el destino de «todos aquellos que sufren la devastadora violencia, la inestabilidad y la injusticia en Tierra Santa, Líbano, Irán y la región de Oriente Medio».
El mal de la guerra y la violencia
Los Obispos dirigieron sus reflexiones a otras zonas geográficas afectadas por las guerras que se han prolongado durante varios años. «Llevamos en nuestros corazones y mentes, de manera especial, a Ucrania, Sudán, así como a otras partes del mundo que sufren el mal de la guerra y la violencia. Nos entristecen profundamente estas tragedias», se lee en la declaración, «que provocan la pérdida de innumerables vidas humanas, una destrucción generalizada y crisis humanitarias que afectan a tantas familias». Desde Chipre, tierra caracterizada por un rico patrimonio cultural y religioso, pero también por una historia que aún conserva las heridas de la división, «recordamos la importancia de los esfuerzos constantes para fomentar la confianza y la reconciliación. Nos conmovió profundamente el testimonio de las comunidades maronitas del norte de la isla, cuya presencia continua es fundamental para promover el diálogo y contribuir a una cultura del encuentro».

Encuentro, diálogo y reconciliación
La COMECE recordó que el Mediterráneo es una de las dimensiones fundacionales de la identidad europea, e hizo hincapié en que debe recibir mayor atención por parte de la UE y ser moldeado «no por la desconfianza y la confrontación, sino por políticas que promuevan el encuentro, el diálogo, la reconciliación, el desarrollo y la paz». Instó entonces a la UE a desempeñar un papel más importante en la diplomacia y las negociaciones. «La Unión Europea», subrayaron los Obispos, «nacida como un proyecto de paz, tiene la responsabilidad particular de actuar como una fuerza creíble para la paz y una promotora activa de la estabilidad y el diálogo en toda la región de Oriente Medio, contribuyendo a la seguridad marítima y energética y a los esfuerzos de no proliferación nuclear en el marco de un proceso de paz global». Al mismo tiempo, añadieron, la UE está llamada a mostrar solidaridad con los Estados miembros afectados por la inestabilidad regional y a responder adecuadamente a las repercusiones de estos conflictos en las sociedades europeas, en particular en lo que respecta a la promoción de la cohesión social y la gestión del creciente coste de la vida. En Nicosia, en el marco de la Presidencia chipriota del Consejo de la UE, los Obispos tuvieron la oportunidad de reunirse con la viceministra de Cultura, Vasiliki Kassianidou, con quien abordaron los principales retos a los que se enfrenta Chipre, como la persistente división de la isla, el acceso a los lugares de culto cristianos y la protección del patrimonio cultural.
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