Dramático testimonio de la hermana Benedetta, superiora de un convento en Mandalay, la zona más afectada por el terremoto, donde lugares de culto, edificios y casas han quedado completamente destruidos mientras el número de muertos sigue aumentando. «Nuestro convento, que se derrumbó en parte, es ahora inhabitable. Aquí hace falta de todo, pero todavía no hay ayuda».
2 de abril 2025.- «Ahora nuestro futuro es incierto, no sabemos cómo podremos reanudar nuestra misión. Vivimos cada día que pasa con total dolor y parece que hemos perdido la esperanza». Es el terror de las secuelas del terremoto que asoló Myanmar, golpeando también el convento del Buen Pastor de Mandalay, a las 12.50 horas del 28 de marzo. «Acabábamos de terminar de comer -explica sor Benedetta, superiora de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor- cuando mis hermanas y yo sentimos un fuerte temblor, largo e intenso, que debió durar más de dos minutos. Todas gritamos y nos refugiamos bajo las mesas. Poco después, todo volvió a temblar, más fuerte y terriblemente que antes».
Dolor y susto
La religiosa relata asustada a los medios vaticanos que su mayor temor en ese momento era que el edificio se hubiera derrumbado por completo y que bajo los escombros pudieran estar no sólo sus queridas hermanas, sino también las niñas que son acogidas en el marco de algunos programas de ayuda social. «Afortunadamente, nadie perdió la vida ni resultó herido. Pero nuestros corazones estaban llenos de angustia y sentíamos que nos moríamos por dentro».

Temblores continuos
Desde entonces, nada ha sido igual: las hermanas tuvieron que abandonar la estructura, que había sufrido varios derrumbes y numerosas grietas profundas que ponían en peligro su estabilidad, y se vieron obligadas a trasladarse al local del primer piso de un antiguo salón de belleza situado a pocas manzanas de su convento. «Todavía estamos todos muy conmocionados, ya no podemos dormir por las noches. Las réplicas se suceden sin interrupción, incluso cinco o seis veces al día, y no saber cuánto durará nos mantiene en pánico».
Daños ingentes
Esta desesperación también se vio alimentada por el hecho de que en todo Mandalay, epicentro del seísmo, la mayoría de las iglesias y lugares de culto cristianos sufrieron grandes daños. «No sólo eso -explica la monja- el monasterio budista U Hla Thein también se derrumbó, al igual que la mezquita y otros numerosos edificios, carreteras y puentes. El número de muertos es trágicamente alto, mientras la gente duerme en la calle sin que le quede nada».
Necesidad de todo
Mientras la Iglesia local, a través de Cáritas y otras organizaciones solidarias, intenta ayudar alojando a los desplazados en sus propias estructuras que han quedado en pie, la Hermana Benedetta hace un llamamiento a la comunidad internacional para que envíe alimentos, agua, medicinas, kits de higiene y ropa lo antes posible: «Pero, hasta ahora, aquí no ha llegado absolutamente nada».
FEDERICO PIANA