Con 136 alumnos, este centro busca ante todo formar buenos cristianos. Ofrece un ambiente donde vivir la fe sin complejos y, para quienes lo deseen, itinerarios más intensos de discernimiento y vida comunitaria.
27 de febrero 2025.- «Yo no creo que vaya a ser cura, pero sí buen cristiano», nos cuenta Adrián, un alumno de 3º de la ESO del Colegio Arzobispal de Madrid. Contento por saltarse un poco de clase, responde a nuestras preguntas unos días después de la jornada de puertas abiertas del pasado 22 de febrero, en la que padres curiosos pudieron acercarse el centro para conocerlo mejor. Según este estudiante, cuando habla con los amigos que tiene fuera del colegio, les explica que el suyo «es diferente». «Se centran no solo en lo académico sino en las virtudes que tenemos cada uno de nosotros», reivindica.
Adrián se incorporó el año pasado a este centro, que sirve también como seminario menor y, aunque solo lleva dos trimestres, ya se siente como en casa. Él fue quien les pidió a sus padres ir allí. «Quería un cambio: no solo que viniera un profesor, diera sus clases y se marchara; necesitaba otra cosa», explica. Y su madre, que lo conoce y que ya envió allí a su hermano mayor, lo vio claro y le dijo: «Tú tienes que ir al Arzobispal».

Uno de los aspectos que más le gusta a este recién llegado es que tiene a dos sacerdotes a su completa disposición. «Siempre están para dialogar o cuando necesito confesarme o un consejo», sostiene. Algo que puede solicitar sin ningún tipo de vergüenza porque «en mi clase todos somos cristianos y practicantes y hay muy buena vibra». Con 14 años, de momento ninguno de sus 23 compañeros se ha planteado —o al menos no ha verbalizado— una posible vocación al sacerdocio. «Pero en otros cursos hay gente interesada y que se lo están planteando», explica con absoluta normalidad.
«Lo que queremos es que vayan descubriendo en sus vidas lo que Dios quiere de ellos», nos explica Iñaki Martín, sacerdote y formador en el Colegio Arzobispal. Su objetivo es «que salgan de aquí preparados para ser unos grandes cristianos, trabajadores, esposos y padres». Y sabiendo que «quizá a alguno de ellos el Señor lo llame para el sacerdocio», recalca que la meta principal no es esa, aunque a veces suceda. Solamente para aquellos perfiles, también se busca «que lleguen bien preparados al seminario mayor».
Claves
• El Colegio Arzobispal no tiene como objetivo único formar sacerdotes sino «grandes cristianos, trabajadores, esposos y padres».
• Cuenta con 136 alumnos de ESO y Bachillerato y siempre garantiza que se ofrezca el itinerario de Humanidades.
• Tiene también profesoras y los contenidos de afectividad y sexualidad siempre los imparten de forma conjunta un hombre y una mujer.
• Recibió la visita del cardenal José Cobo en noviembre de 2024 y el sábado pasado abrió sus puertas a padres que quisieran conocer el centro.
• Normalmente, los chicos más pequeños no se plantean la vocación al sacerdocio, pero miran con atención a los mayores que están discerniendo.
• Los seminaristas de último curso realizan un acompañamiento activo que sirve de ejemplo, pero también los va acostumbrando a servir.
• Un grupo muy pequeño, de cinco chavales actualmente, vive allí de lunes a viernes para hacer un discernimiento más intenso y tener vida comunitaria.
• Ante todo, el colegio ofrece un entorno en el que vivir de forma libre y espontánea la fe, con acceso a sacerdotes y sin avergonzarse de sus convicciones.
En cualquier caso, a todos les dan clases, pero también les ofrecen acompañamiento. Lo que requiere «una mirada especial sobre los chicos» y la implicación de profesores, orientadores, del jefe de estudios y del director. Entre los educadores también hay mujeres, pues aunque los alumnos son todos varones, el centro sigue las recomendaciones del Sínodo, que pide la incorporación de perfiles femeninos a la formación de potenciales aspirantes al sacerdocio. «Cuando se imparten los contenidos sobre afectividad y sexualidad, siempre los dan a la vez un hombre y una mujer», explica el director del centro, Marcos Hermosel.
Además, como medida reciente, «nos están ayudando seminaristas de último curso» que viven «como una parte de su formación» acompañar a los chicos en actividades y tener alguna conversación con ellos, explica Martín. Es positivo para todos porque, si van a dedicar su vida al servicio, les viene bien empezar ahora.

«Miramos qué hay detrás»
En opinión de Martín, «cuando en lo académico falla algo, el problema nunca son las Matemáticas. Siempre miramos lo que hay detrás». Por ejemplo, «en su familia y con sus amistades». Como los alumnos son, de momento, solo 136, que sea un grupo pequeño lo permite.
También lo posibilita que, aparte de las típicas actividades extraescolares, cuenten con «planes con los pequeños y los mayores con un carácter más vocacional». «En el colegio, dentro de nuestro horario, es importante aprender a servir», reivindica el sacerdote. Se materializa así: «Una vez al año vamos a unas 15 parroquias de la archidiócesis y nos ponemos a disposición del párroco para visitar enfermos, repartir alimentos o pintar paredes de las salas de catequesis». A veces el trabajo es exigente, pero «es una cosa que da un buen tono al colegio». Y tiene una derivada más pues, según Martín, «lo importante es que somos de la diócesis y estamos a su servicio». Un encargo que ya les hizo el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, cuando los visitó en noviembre de 2024.
¿Y los aspirantes?
Para aquellos que intuyan que tienen vocación al sacerdocio y quieran discernirla con mayor intensidad —actualmente un grupo de cinco adolescentes—, existe la posibilidad de residir en el Colegio Arzobispal de lunes a viernes. «Se hace de manera muy libre y no buscamos que ningún chaval se vea obligado a nada», matiza Hermosel, el director. El primer contacto es muy informal y de corta duración, como mucho «una experiencia de una semana para que se lo piensen». Exigen tener más de 13 años para poder hacerlo.
«La comunidad es intensa, pero son los que mejor se lo pasan», reivindica Hermosel. Recalca que en este grupo se cuida «que tengan una vida de oración» y otra comunitaria que, a efectos prácticos, «es como tener muchos hermanos». Por su parte, Martín aclara que «hacer este discernimiento no quiere decir que todos vayan a ir al seminario»; consiste en ofrecer a quienes «tienen cierta apertura a esta vocación un acompañamiento más particular con Eucaristía diaria y ratos de oración todos los días». Y la mayor parte del tiempo «es una vida muy casera en la que hoy te toca recoger y mañana fregar». «Al final son unos bichos, como en todos lados», opina Hermosel; «pero es muy complicado encontrar otro colegio donde puedan vivir la fe tan libre y abiertamente».
RODRIGO MORENO QUICIOS
Alfa y Omega