Hoy he tenido en el Seminario clase de bioética y el tema era la eutanasia. Se puede entender que la clase ha estado marcada por el trágico caso de Noelia, que fue sometida ayer por propia voluntad a un suicidio asistido.
También aquí, en Rusia, se ha el caso con la respiración contenida. En la clase, en la que he comentado un relativamente antiguo documento de la Iglesia sobre el tema, Iura et Bona, he tenido que reconocer que los argumentos contrarios a la eutanasia se sostienen sobre todo en convicciones religiosas, y que a falta de estas, los argumentos que se pueden esgrimir son más bien débiles (mucho más débiles que los argumentos puramente racionales contra el aborto, que son contundentes, aunque esta pretendida «conquista» goce de mucho más consenso social que la eutanasia).

En todo caso, la eutanasia no deja de ser un fracaso de la sociedad que rodea al que la solicita. Noelia ha sido una víctima de muchas circunstancias y muchas responsabilidades, y son estas las que le han quitado las ganas de seguir viviendo, aunque en realidad lo que quería es no seguir sufriendo, es decir, quería vivir de un modo que esas circunstancias y responsabilidades de un modo u otro le han negado.

JOSÉ MARÍA VEGAS
Sacerdote claretiano español y filósofo
Profesor del Seminario en Rusia
