Empantallados presenta el estudio Educar en la era de la IA, que pone el foco en la necesidad de formar tanto a profesores como a alumnos en el uso ético y responsable de esta herramienta.
3 de abril 2025.- «La verdad es que todos mis amigos usan la IA para hacer los deberes. Yo lo hago sobre todo para que me ayude con las matemáticas», afirma un alumno de ESO de un colegio madrileño, que habitualmente se vale de ChatGPT para que le corrija los exámenes de esta materia y saber en qué se ha equivocado y en qué tiene que mejorar.

No es un caso aislado. Según el estudio de Empantallados y GAD3 Educar en la era de la IA, presentado la semana pasada en Madrid, la inteligencia artificial generativa es ya una realidad en la vida de los adolescentes: un 85 % la usa al menos una vez a la semana, ocho de cada diez se valen de ella para buscar información y el 60 % lo hace para estructurar los trabajos que presentan en clase.
Para Javier Duque, director pedagógico del colegio Santa Rafaela María, «a las escuelas todo esto nos ha pillado a traspié». Así, detecta que mientras los chicos estudian habitualmente con la IA, «el profesorado todavía no la está usando con todo su potencial, o por miedo o porque no tiene una preparación específica que no sea autodidacta».
En cifras
• Seis de cada diez alumnos y profesores dicen no tener suficiente formación en IA.
• 60 % de docentes ven una menor capacidad de esfuerzo en los alumnos.
• Siete de cada diez adolescentes ven la IA positiva para su futuro laboral.
• 40 % reconoce haber compartido información de IA que luego han descubierto falsa.
A día de hoy, el modo más extendido que tienen los docentes de abordar este fenómeno es hacer los trabajos en clase con los alumnos para evitar que los hagan en casa con la IA: «Muchas veces no criban los contenidos que les da, o incluyen datos o palabras que no son adecuados o frases que no son ciertas», cuenta Duque. Este modo de luchar contra lo que en ocasiones no es más que un plagio, permite como contrapartida una observación más directa de las capacidades del estudiante, pero no resuelve el problema de fondo: «A los alumnos no se los puede dejar solos con la IA: cada vez está más claro», apostilla.
Sobre quiénes pueden regular cómo utilizan los chicos este avance tecnológico para que lo hagan de forma adecuada, Javier Duque es escéptico: «La familia no se implica en esto. Y no tengo muy claro si los adultos estamos educados ni siquiera en el uso adecuado del móvil». En este sentido, al igual que ocurre con el uso o el abuso de las redes sociales, «si tú no tienes una formación mínima en IA, ¿cómo se la vas a poder transmitir a tus hijos o a tus alumnos?», interpela. «Como siempre, a la escuela se le acabara pidiendo todo —lamenta—. Pero para transmitir un buen uso de la IA necesitamos personas muy bien formadas no solamente en el nivel técnico, sino sobre todo en el ético».
Límites y protocolos
Lejos de demonizar una realidad que ya está presente en las aulas y en los hogares, la clave está en la formación, tanto de alumnos como de profesores. De hecho, seis de cada diez estudiantes y docentes reconocen que no hay suficiente formación sobre un manejo adecuado de la IA en los centros educativos.
«El único sitio donde el desarrollo de la competencia digital está regulado y mediado por un profesional es la escuela», afirma César Poyatos, profesor de Tecnología Educativa en la Universidad Autónoma de Madrid. Por eso, el centro educativo «es el lugar idóneo» para esta formación, señala para la investigación de Empantallados. Es el maestro el que debe saber qué es la inteligencia artificial y qué oportunidades le ofrece para su asignatura y ofrecer luego a sus pupilos «experiencias de aprendizaje» con sus «límites y protocolos».
Al contrario, si se deja a los estudiantes sin pauta ni acompañamiento en el uso de la IA, se pueden producir fenómenos como «deshonestidad académica, dependencia y confianza excesiva en la tecnología y falta de interacción social», dice Poyatos. Por eso, hay que «regular» el aprendizaje de modo que los alumnos se sirvan de la IA para «completar» los conocimientos ya adquiridos. «Es decir, no se trata de qué saben, sino de qué saben hacer con lo que ya saben», concluye.

El camino, para Elena Martínez, directora general de Empantallados, es situarse ante la IA para «usarla bien y potenciar lo genuinamente humano». Con vistas a esto propone una serie de «habilidades humanas que se hacen más necesarias que nunca» tanto para docentes como para chavales. Entre ellas, el desafío de distinguir entre la sobreabundancia de contenidos que puede ofrecer la inteligencia artificial: si más del 50 % de los alumnos, según el estudio, afirman comprobar siempre o frecuentemente la información que ofrece la IA, es algo que sin embargo no hace casi la otra mitad de los jóvenes consultados. Otra de estas habilidades es la de fomentar en los usuarios más jóvenes de la IA la capacidad de esfuerzo. Esto preocupa a la mayoría de los profesores, que perciben el riesgo de que sus pupilos la usen sin entender conceptos o para que haga los trabajos autónomamente.
Hoy el uso de la IA está tan extendido que ya hay estudiantes que reconocen que es «mi mejor amiga» a la hora de aprobar los exámenes. «Por eso —asevera la directora de Empantallados—, cuanto más potente es la tecnología, más necesaria es la ética».
JUAN LUIS VÁZQUEZ DÍAZ-MAYORDOMO
Alfa y Omega