Con frecuencia los bondadosos callan ante las injusticias del mundo. La gente buena también debe levantar su voz contra las barbaridades que se dicen y hacen en nuestra sociedad. Los “buenos” deben gritar con fuerza para evitar no caer en la desesperanza.
Nos gusta tergiversar el lenguaje cuando se refiere a nosotros, pues un perseverante ajeno es para nosotros un ”testarudo”, y si la testarudez es nuestra, la llamamos “perseverancia”. El empleo de diferentes varas de medir es una “injusticia”. La actitud, que atribuimos a lo ajeno, debe ser la misma que nuestra actitud. Inclinar la balanza a nuestro favor, no es correcto. Para vivir en paz con todos, hay que tener el arte de saber comprender a cada uno según su manera de ser. Cada uno somos cada uno. El grupo humano vive unido cuando se practica el arte de saber comprender a cada uno en su individualidad. Cuando la necesidad obliga a mentir, esta mentira es relativa.

Lo que importa de verdad es “cambiarnos” a nosotros mismos. Así podrá surgir el cambio del mundo. Cambiemos nuestro corazón y el mundo cambiará a mejor. La hipocresía es un mecanismo rechazable en defensa propia y manifiesta una clara desconfianza ajena.
Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa. No es lo mismo “sinceridad” que “desfachatez”.
Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir.
Cuando el diálogo se rompe y se recurre a las armas, la razón queda derrotada y la humanidad humillada.
La conducta siempre está en relación directa con la sinceridad del corazón. Es la expresión externa de lo que llevamos dentro.

SANTIAGO NOGALEDO
