Hablar más de un idioma se ha convertido en una necesidad en un mundo globalizado. Sin embargo, a pesar de los avances en la educación, seguimos desaprovechando la mejor etapa para aprender otras lenguas: la infancia. Los expertos apuntan que el mejor momento para comenzar con el aprendizaje de idiomas es durante la primera infancia, es decir, entre los tres y los siete años.
Sin embargo, se sigue desaprovechado esta etapa para aprender nuevos idiomas. En este momento la plasticidad neuronal de los niños favorece el aprendizaje de una forma mucho más sencilla e intuitiva, tal y como ocurre con la lengua materna.
Durante mucho tiempo se ha creído o pensado que aprender dos idiomas a la vez puede resultar confuso para los niños. Y, aunque es cierto que en un inicio los niños puedan mezclar palabras, con el tiempo sabrán diferenciar ambos idiomas a la perfección y los usarán en función del contexto. Aprender una segunda lengua no quiere decir que la primera se descuide, sino que ambas se refuerzan mutuamente.
Por otro lado, se favorece la comprensión lingüística. Dado que los alumnos se enfrentan al idioma en diferentes contextos, les permite comprender y expresarse en el idioma en situaciones muy variadas, lo que ayuda a entender matices culturales que, de otra manera, es muy complicado aprender.

La inmersión lingüística no solo es beneficiosa por el hecho de aprender un nuevo idioma. Este tipo de procesos favorecen el desarrollo cognitivo de los alumnos, puesto que tienden a tener una mayor capacidad para resolver problemas ya que se ven “obligados” a enfrentarse a diferentes contextos lingüísticos y salir airosos de ellos.
De este modo, la inmersión lingüista es un proceso que va más allá de aprender un idioma. Es un enfoque que hace se sumerjan por completo en el idioma y la cultura que rodea a ese idioma. De manera paralela, se asimilan expresiones coloquiales y una mayor variedad de vocabulario, de una manera mucho más natural, ya que se aprenden en el contexto correspondiente.
El gran reto de la inmersión lingüística es contar con los recursos adecuados y suficientes para que se haga con la máxima eficacia. De este modo, contar con profesionales nativos o bilingües que puedan transmitir bien el idioma, así como con materiales didácticos preparados para este tipo de aprendizaje.
También es importante que este modelo se aplique en casa. Aunque no haya miembros en la familia que sean bilingües, se puede aplicar esta metodología, por ejemplo, a la hora de ver dibujos o películas o en la lectura. Así, podrán reforzar lo aprendido en el colegio y descubrir el idioma en nuevos contextos.
Sin duda, la inmersión lingüística en edades tempranas tiene importantes beneficios en el desarrollo cognitivo y académico de los alumnos. En un mundo cada vez más globalizado, el dominio de más de un idioma es una ventaja crucial en su futuro.
No obstante, la clave no está en simplemente aplicar esta metodología, si no en hacerlo bien. Es fundamental contar con un método adecuado, docentes y personal lo suficiente capacitado y cualificado y una estrategia en la que se fomente el aprendizaje de forma natural.
IAN PIPER
Director de Hastings School