«El Papa tiene abierta la puerta a las dos posibilidades» y «en un día la situación podría cambiar», subrayaron los doctores el 21 de febrero, víspera de una larga crisis respiratoria.
27 de febrero 2025.- De las cuatro veces que Francisco ha necesitado el apartamento reservado a los pontífices en el Hospital Policlínico Gemelli, esta es la primera en la que un boletín médico hace referencia a la situación «dolorosa» que atraviesa. La causa fue una crisis respiratoria prolongada que se desencadenó el pasado sábado por la mañana, durante la que sentía una terrible sensación de asfixia. Pero no ha sido el único momento delicado que ha vivido. El Papa ha tenido siempre a su lado a Massimiliano Strapetti, su enfermero. Tiene muy buen ojo y el Pontífice asegura que le salvó la vida dos veces en 2023: cuando insistió en que tenía que ir al hospital por una bronquitis que estaba degenerando en pulmonía, y cuando notó que sus problemas intestinales eran graves. Los médicos lo operaron e impidieron una necrosis. «No se separa de él en todo el día», explican en el Gemelli.
También la relación del Santo Padre estos días con el equipo de doctores es de enorme confianza. Francisco obedece a la letra sus indicaciones, como la de mantener reposo «absoluto». Les ha solicitado «que digan la verdad» sobre sus condiciones clínicas y quizá por eso el tono de los boletines médicos es insólitamente crudo. «Cuadro médico complejo» a causa de una «infección polimicróbica» y una «neumonía bilateral», explicaban el del 18 de febrero. Más adelante se hablaba de «cuadro clínico complejo» y «cuadro clínico crítico».
Oración en Roma
Unas 5.000 personas se reunieron el pasado lunes en la plaza de San Pedro para rezar el rosario por la salud del Santo Padre. Se trataba de una iniciativa promovida por los cardenales residentes en Roma, colaboradores de la Curia. «Que la Virgen María, salud de los enfermos, sostenga en este momento de enfermedad y prueba» al Papa «y le ayude a recuperar rápido su salud», dijo el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, antes de la oración mariana.

El viernes 21, los dos doctores que coordinan la convalecencia comparecieron conjuntamente para entrar en detalles sin medias tintas; un enfoque inédito en el caso de un personaje público. «El Pontífice no está fuera de peligro», avisaron Luigi Carbone, subdirector médico del Vaticano y Sergio Alfieri, cirujano del Gemelli, quien le operó del abdomen en 2023. Repitieron varias veces que «el Papa tiene abierta la puerta a las dos posibilidades». Carbone usó la metáfora de la balanza para pesar oro: «Basta muy poco para que se rompa el equilibrio». También dijo que «el Papa es inteligente, sabe en qué situación se encuentra». «Tiene que marcharse bien del hospital y estamos trabajando para eso», subrayó Alfieri. «Lo que pasa es que en un día la situación podría cambiar, porque depende mucho de la medicación», explicó. También señaló el peligro que más temían: «Si, por desgracia —a pesar de todo el tratamiento farmacológico que está recibiendo y la dosificación de cortisona con niveles muy bajos para impedir una diabetes—, uno de los gérmenes pasara a la sangre, a cualquier paciente le daría una septicemia. Y la septicemia, a la edad del Papa [88 años], sería difícil de tratar».
Aquel día seguían con cierto optimismo la evolución de la enfermedad, pues Francisco se había levantado para ir a la capilla junto a su dormitorio. «Cualquier paciente de su edad con una neumonía bilateral estaría acostado y se levantaría solo para ver la televisión. Él lee, firma documentos y hace bromas», destacó Alfieri. «Cuando entro en su habitación lo saludo y le digo: “¿Cómo está Santo Padre?”. Y me responde: “¿Cómo estás tú, santo hijo?”».
«No quiero ver ni a un médico»
El comunicado del sábado mostraba un nuevo agravamiento y el cuadro clínico pasó a «crítico». Tuvo una «crisis respiratoria asmática prolongada» por la que tuvieron que aumentar la dosis de oxígeno. Además, detectaron falta de plaquetas, asociada a anemia, por la que le hicieron dos transfusiones de sangre. Desde entonces decidieron que el pronóstico era reservado. El domingo el Pontífice se levantó bromeando: «Hoy no quiero ver ni a un médico». Luego pidió que celebraran la Misa en su habitación e invitó a los doctores. Por la tarde, el parte médico mezcló noticias positivas y negativas. La anemia remitía y no había vuelto a sufrir crisis respiratorias. Por otra parte, se preocuparon al detectar indicios de infección y tenía síntomas de insuficiencia renal, todavía «inicial, leve y bajo control». La tendencia positiva se mantuvo el lunes, con una «leve mejoría». Incluso pudieron reducir un poco el oxígeno. El Papa se sintió con fuerzas incluso para llamar a la parroquia de Gaza.
El otro protagonista del ingreso del Papa es la proliferación de fake news: noticias sobre desenlaces extremos, rumores de cambios de hospital, imágenes con IA. Para combatirlas, el Vaticano está dando datos al menos dos veces cada día «de acuerdo con el Papa». Francisco está muy sereno y conmovido por los cientos de mensajes que llegan al hospital, muchos de niños y enfermos. Uno, por ejemplo, le felicitaba por su futuro 89 cumpleaños, en diciembre. «¡Gracias por esta cercanía y por las oraciones de consuelo que he recibido de todo el mundo!», dijo el Santo Padre en un mensaje. Su cuarta convalecencia es ya la más larga de su pontificado. También es la que el mundo está siguiendo con más preocupación y cariño. Eso, en el Gemelli, no pasa desapercibido.
JAVIER MARTÍNEZ-BROCAL
Alfa y Omega