Si me preguntan qué es el amor, no los sé; pero si no me lo preguntan, sí que lo sé. El amor no es un razonamiento; es. una “vivencia”. El amor es el olvido del “yo”. Es lo diametralmente opuesto al egoísmo. Quien ama su “yo” en demasía no sabe ni puede amar de verdad. Egoísmo y amor verdadero son incompatibles.
Cuand el “yo” quiere estar en primer lugar, el amor se eclipsa y hasta desaparece. El egoísmo y la generosidad se repelen como el agua que no puede mezclarse con el aceite. Teilhard de Chardin, gran paleontólogo y y filósofo francés, escribió: “Amor significa colocar” la propia felicidad en la felicidad de los otros”. Las madres son las que mejor reflejan esta definición de amor. La madre coloca siempre su propia felicidad en la felicidad de su hijo. El amor auténtico da más importancia al otro que a sí mismo. La alegría del hijo es la alegría de la madre. Si tienes amor, tu conducta será buena. Si tienes amor, afrontarás la vida con sentido. Si tienes amor, tus buenas obras serán abundantes y experimentarás lo que es auténtica alegría. El amor cristiano posee una inmensa variedad de formas y estilos:

• El deber sin amor nos hace inflexibles.
• La responsabilidad sin amor nos hace simples burócratas
• La justicia sin amor nos hace duros.
• La sinceridad sin amor nos hace crueles.
• La alegría si amor nos hace superficiales.
• La amistad sin amor nos hace falsos.
• La honra sin amor nos hace orgullosos.
• El dinero sin amor no hace avaros.
• La fe sin amor nos hace fanáticos.
• La vida sin amor es un sinsentido.
Se habla mucho de amor al prójimo, pero se practica relativamente poco. Solo un cristianismo que se plasma en obras concretas de amor es creíble. El idioma del corazón es universal: solo se necesita sensibilidad para hablarlo.
SANTIAGO NOGALEDO
(9.2.2026)
