La asociación de pseudoterapeutas que denunció a Luis Santamaría y sus compañeros deberá abonar las costas del juicio.
24 de febrero 2025.- «La Terapia Gestalt no tiene ningún tipo de evidencia científica para abordar trastornos psicológicos y busca alterar la personalidad del paciente, funciona como una secta y ha llevado a muchas personas a la ruina económica y a la dependencia». Lo repite tajante a Alfa y Omega Luis Santamaría, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). Decimos «repite» porque ya lo afirmó en 2022 en un informe del Instituto Salud Sin Bulos por el que la Asociación Española de Terapia Gestalt le denunció meses después. Ahora, en 2025, los jueces han dado la razón a Santamaría y al resto de coautores —el periodista Ricardo Mariscal y el psicólogo Carlos Sanz— y han sentenciado a los pseudoterapeutas a pagarles las costas del juicio.
En entrevista con este semanario, el experto en sectas explica que «lo más importante de la sentencia es que la juez reconoce que estamos ante una cuestión de interés público, de manera que prevalece la libertad de información sobre el derecho al honor». Luis Santamaría recalca además que «la Asociación Española de Terapia Gestalt agrupa a personas que ejercen porque han hecho los cursos correspondientes, para los que no hace falta tener estudios de Psicología». Y advierte de que los contenidos de esta aspirante a metodología son «un batiburrillo de ideas provenientes del psicoanálisis y las religiones orientales».
Preguntado sobre la vertiginosa velocidad con la que la asociación abrió un proceso contra él y sus compañeros, el zamorano considera que «se ve que tienen dinero y quieren acallar a las críticas». Y recuerda que «en una asociación profesional de algo que pretende ser serio, la reacción debería haber sido el debate, el diálogo y el intentar aclarar posturas». En su lugar, estas personas que intentan aplicar la Terapia Gestalt —que no es terapia— «fueron a los tribunales pidiendo que el Instituto Salud Sin Bulos retirara el informe y publicara una rectificación concreta». También una indemnización de 57.000 euros. Aunque al final los únicos que han tenido que pagar han sido los miembros de la asociación, quienes han sido requeridos a abonar las costas del juicio.

Avasallar a través de los tribunales
Al margen de estas demandas, Luis Santamaría recalca que otra dificultad añadida durante estos años ha sido sortear la burocracia que requiere prepararse para un juicio y que busca amedrentar a quienes se pronuncien contra la asociación. «Es otro elemento en el que coinciden con las estrategias típicas de las sectas, avasallar a través de los tribunales para que los que nos dedicamos a esto acabemos tirando la toalla, como ha pasado por desgracia con tantas personas admirables». Aunque con Santamaría y sus compañeros no ha sucedido.
El investigador contra las sectas cuenta también que ha vivido este proceso judicial «con paz y tranquilidad porque hemos tenido un apoyo importante de nuestro abogado, Carlos Bardavío». También de asociaciones profesionales —estas sí— de Europa, que «enseguida contestaron ofreciendo su ayuda y documentación».
Luis Santamaría narra también cómo, durante el juicio, dos testigos detallaron cómo «habían estado varios años dentro de grupos con características sectarias de Terapia Gestalt». «En ellos quedó claro el carácter de violencia psicológica y en algunos casos de violencia física en los ejercicios terapeúticos de grupo», asegura.
Entre los casos más flagrantes, está el de un hombre que «llegó a perder la visión de un ojo y había tenido problemas cardíacos graves porque abandonó por indicación de su terapeuta las revisiones y tratamientos médicos a los que debía someterse». Según Santamaría, «fue cuando se encontraba en urgencias en situación de vida o muerte cuando decidió abandonar la secta Gestalt a la que pertenecía».
Infiltrados en clínicas y universidades
El investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas denuncia que hay lugares en los que se ejerce esta pseudoterapia «al margen de cualquier supervisión oficial y en entornos de terapias alternativas, holísticas y new age» como las que analiza en su libro La Nueva Er a en el siglo XXI. Pero es igual o quizá más grave que «hay profesionales psicólogos que incluyen elementos Gestalt» en sus sesiones, lo que supone una falta de consentimiento informado.
Finalmente, denuncia que «hay algunas universidades, tanto públicas como privadas, que incluyen Terapia Gestalt en algunos de sus cauces de formación dándole una apariencia de validez científica». No la tiene. Y recalca que el peligro no es solamente que sea ineficaz sino que «las propias bases de la Terapia Gestalt lleva implícito un riesgo». Así lo demostró José Miguel Cuevas, doctor en Psicología con una tesis sobre la persuasión coercitiva de las sectas.
RODRIGO MORENO QUICIOS
Alfa y Omega