Con frecuencia, los efectos de los abusos de conciencia y de poder «son tan graves como los del abuso sexual». Esta es la constatación que presenta el Proyecto Repara a través de un vídeo que muestra los testimonios de víctimas que participan en un taller terapéutico donde son escuchados y acompañados. Repara también presenta cifras: en 2024 atendieron a 95 víctimas directas de abusos.
—Me decían: «El Espíritu Santo y yo hemos decidido que tienes vocación» o que «quien obedece, nunca se equivoca».
Con este testimonio arranca el vídeo que el Proyecto Repara ha lanzado esta semana para iluminar sobre la importancia, la frecuencia y los efectos que tienen los abusos de poder y de conciencia dentro de la Iglesia. «No son un mal menor; con frecuencia sus efectos son tan graves como los del abuso sexual», constatan desde la iniciativa de la archidiócesis de Madrid. Y, frase a frase, los expertos que conforman este proyecto, que lleva cinco años ya acompañando a víctimas de abusos sexuales tanto en el ámbito eclesial como intrafamiliar o social, van focalizando cómo esas prácticas son abusos. Por ejemplo, «ocupar el lugar de Dios en la conciencia de otra persona es abuso».

Las intervenciones no son hipótesis para reflejar una posible realidad. Dentro del área terapéutica de Repara se ha creado un espacio para el encuentro entre personas que han sufrido abuso espiritual, de poder y de conciencia en la Iglesia. Y fruto de los distintos talleres se ha elaborado este vídeo. «Las víctimas nos han permitido entender que es muy importante tomar la propia palabra, para poder resignificarla y denunciar-anunciar otros mundos y que otra Iglesia es posible», aseguran desde el proyecto.
—No me daba cuenta de que yo no estaba viviendo mi propia vida. Nos trataban como a menores de edad.
—«Yo soy la mediación de Dios para ti». «Yo sé lo que te pasa, nadie te conoce como yo», tenía que escuchar.
—Deformó mi relación con Dios.
—«No puedes hablar con las demás de tus luchas interiores, porque les harás daño», era una de las normas.
—Me separaron de mi familia y de mis amigos.
—«Si te vas, no valoras lo que has recibido aquí. ¡Dios te ha dado tanto! ¡Qué ingrata eres!».
—Confié mi malestar y me dijeron: «La madre superiora ya está al tanto de lo que te sucede».
—«La institución es de Dios. Es irreprochable. Si no me escuchas, no estás escuchando a Dios».

—«Nadie va a quererte como yo. Si no sigues este camino, no podrás contar conmigo». «Si te vas, te vas a condenar».
—«Lo dice la Sagrada Escritura: “Para los limpios, todo es limpio. Que me bese con los besos de su boca”».
—Yo tenía síntomas físicos y psicológicos y me decían: «Esa es tu cruz».
—Negaron mis emociones, interpretaron de forma perversa los efectos de la manipulación en mi cuerpo y en mi mente.
Desde esa comprensión de la situación de estas víctimas, que nace de la escucha y el acompañamiento en los talleres, Repara pone nombre a lo que cada una de estas frases conlleva: es abuso. Porque «censurar el discernimiento y la propia toma de decisiones en nombre de la autoridad divina es abuso». También «infantilizar a otra persona para generar dependencia y someter su voluntad es abuso», o «situarse como mediador imprescindible en la relación de otra persona con Dios». «Exigir secreto, imponer el silencio o querer convertirse en el único confidente de una persona es abuso», como lo es «culpabilizar en nombre de Dios a quien decide abandonar una institución». Y así con tantas situaciones, que culminan en que «utilizar la Palabra de Dios para legitimar prácticas sexuales y manipular la voluntad de otra persona es abuso», al igual que «ignorar, justificar o malinterpretar el sufrimiento físico o psíquico de otra persona».
Cifras
• 95 víctimas directas de abuso atendió Repara en el año 2024. La mayoría de las atenciones tienen que ver con abusos sufridos hace décadas, pero cuyas heridas siguen presentes
• 17 personas más han sido atendidas en relación al año 2023. Repara constata que se han incrementado las consultas telefónicas
• 35 son abusos sexuales intrafamiliares, un problema que no recibe suficiente atención por parte de las administraciones públicas
• 23 casos son diocesanos, 14 de ellos directos de la archidiócesis de Madrid
• 17 de las víctimas de abuso de autoridad y conciencia son mujeres, la mayoría procedentes de realidades eclesiales
• 22 casos por abuso de autoridad y conciencia, con 13 de ellos en movimientos eclesiales, cinco en la vida religiosa y cuatro en víctimas de segundo orden
• 35 de las víctimas de abuso sexual eran adultos en el momento del abuso
No pocos han calificado este lanzamiento de «valiente», ya que no se suele hablar, o no con tanta claridad, de lo que suponen los abusos de poder y conciencia especialmente en los movimientos y realidades eclesiales y en la vida religiosa. «Me he sentido muy identificada en cada punto que analiza el vídeo: los abusos espirituales y de conciencia destruyen el rostro de Dios para con nosotros, destruyen nuestra libertad y nos alejan del Dios verdadero, muchas veces provocan que la persona nunca pueda regresar a Él. Ojalá sirva para la reflexión personal de aquellos que participan de estas relaciones asimétricas», dice uno de los ecos que han llegado al proyecto tras el lanzamiento. «Este vídeo me confronta de manera sanadora con mis propios fantasmas del pasado. La tela de araña y los rotos de la vida son experiencias compartidas que, acompañadas por la voz de las víctimas, van retejiendo la posibilidad de salir adelante. Agradezco que no sea un material conceptual, sino un testimonio vivo. Trabajarlo será imprescindible para seminaristas, novicios y novicias, catecúmenos y responsables de formación pastoral», dice otro.
En paralelo al vídeo, el Proyecto Repara ha lanzado su informe anual, que refleja que en 2024 se atendió a 95 víctimas directas de abuso (víctimas de primer orden) y a 14 familiares de estas (víctimas de segundo orden). Los datos muestran una tendencia a la reducción de casos recientes de abuso sexual a menores en el entorno eclesial. Sin embargo, sí se destaca el aumento de casos de abuso espiritual entre adultos. Para Miguel García Baró, coordinador del proyecto, «este problema grave del abuso de poder, de conciencia, espiritual, se está manifestando no solo como facilitador del abuso sexual, sino también porque hay algo de este fenómeno en estructuras de la Iglesia». Siendo un tema «delicado, difícil de trato», pero recibiendo «víctimas desgarradas, muy rotas», se hace «absolutamente necesario pensarlo, tratar de remediarlo y aumentar la formación para que este desastre pueda desaparecer cuanto antes».

Otra de las claves del informe es que el abuso sexual intrafamiliar sigue siendo un problema invisibilizado. «Se requiere una respuesta más proactiva de las administraciones para abordar, prevenir y tratar esta realidad, especialmente en menores», piden desde Repara. También recalcan la importancia de atender los abusos sexuales entre adultos. «Estos casos suelen producirse en contextos de asimetría de poder, donde la víctima deposita su confianza en una figura con responsabilidades pastorales», señalan. Durante este año 2024 se ha constatado un incremento de las consultas telefónicas de naturaleza jurídica y una reducción de los tiempos desde que se verbaliza el abuso hasta que se toma la decisión de denunciar. «Esta circunstancia se puede correlacionar con el empoderamiento de las víctimas cuando reciben la atención adecuada, por una mayor información acerca de los cauces o por el aumento en la confianza de las respuestas que da la Iglesia cuando se formulan las denuncias».
Finalmente, destaca el informe que se empiezan a detectar patrones repetitivos en infractores y en algunas realidades eclesiales. «Nosotros trabajamos con sus víctimas», recalcan desde el proyecto. La investigación de estos mapas de abuso «corresponde a otros órganos eclesiásticos».
«Lo que hay que subrayar», incide Miguel García-Baró, es que «se está en pleno combate. La Iglesia ha decidido afrontar con firmeza este tipo de problemas tan dolorosos y desastrosos y no tenemos a la vista el final», pero hay una «fuerte esperanza viendo cómo tantas víctimas se recuperan por lo menos hasta el punto de pasar a ser testigos del mal que han sufrido, e incluso ayudan a otras víctimas a recuperar plenamente su vida».
CRISTINA SÁNCHEZ AGUILAR
Alfa y Omega
6 de marzo 2025