La bondad nace del amor. O sea, que la bondad no es más que la expresión del amor. El mejor ropaje que puede vestir el amor es la “bondad”. La expresión más bella del idioma español es la bondad.

El ser humano es capaz de dar muestras de lo mejor y de lo peor. Puede llegar a alcanzar grados de bondad inusitada y ser capaz de la maldad más cruel. En lo más profundo del corazón laten el mal y el bien. Lo que importa es que nuestra propia felicidad pueda unirse y compaginarse con la de los demás.
La felicidad es interior, no exterior. No depende de lo que tenemos, sino de lo que somos. La persona triste e infeliz deambula por la vida, pero no la vive. Es como un sonámbulo, sin rumbo ni dirección. La felicidad consiste en saber disfrutar de lo que uno tiene y obtiene. Nuestra felicidad proviene de hacer felices a los demás. Sin la felicidad del otro, la tuya no puede subsistir.
El secreto de nuestra felicidad radica en la entrega a los demás, especialmente a los que más lo necesitan. No podrás ser amigo de nadie si solo te contemplas a ti mismo. Beethoven dijo que “el único símbolo de superioridad, que conozco, es la bondad”. El bien moral de la bondad es superior a cualquier otro bien material, intelectual o profesional. Solo la bondad puede hacernos superiores a los otros.
Con frecuencia, los bondadosos callan ante las injusticias del mundo. La gente buena debe alzar la voz contra las principales lacras de nuestra sociedad. Hacer el bien humaniza y nos hace felices. Lo bueno es lo bello puesto en acto. Lo bueno, lo verdadero y lo bello casi son sinónimos. Pensar el bien y hacer el bien nos humanizan y llenan de alegría.

SANTIAGO NOGALEDO