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Pasolini: La fuerza humilde del amor genera paz

marzo 6, 2026
en Portada, ENTREVISTAS, Testimonios, ACTUALIDAD, Iglesia, Internacional
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El predicador de la Casa Pontificia ilustra los temas centrales de las homilías de Cuaresma que, a partir de mañana, 6 de marzo, pronunciará en el Vaticano ante el Papa y la Curia romana: conversión al Evangelio, esperanza, fraternidad, misión. Todo ello a la luz del ejemplo de San Francisco, que «habla al corazón de todos». Sobre la actualidad: «Solo una visión abstracta de la fe puede imaginar una separación entre el Evangelio y la vida concreta».

Ciudad del Vaticano, 5 de marzo 2026.- Era una elección natural para un predicador pontificio franciscano que, en los 800 años desde la muerte de San Francisco, el Pobrecillo fuera el centro de sus sermones de Cuaresma. Al Papa y a la Curia romana, desde mañana 6 de marzo y todos los viernes hasta el 27, antes del inicio de la Semana Santa, el padre Roberto Pasolini propondrá en sus meditaciones al santo de Asís «como itinerario concreto de conversión y de vida evangélica». «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva (2 Cor 5,17). La conversión al Evangelio según San Francisco» es el hilo conductor de las reflexiones, declinado en los temas de la libertad, la esperanza, la misión y la fraternidad. Siempre con la mirada puesta en la actualidad, herida por los conflictos y la violencia, incluso verbal. Porque el Evangelio está estrechamente relacionado con la vida concreta y sus tensiones, afirma Pasolini: solo la «visión abstracta» de un cristianismo teórico o idealista puede separarlos.

Padre Roberto, ¿qué tema abordará en las meditaciones de Cuaresma? ¿Y por qué esta elección?
El tema de la predicación, en el fondo, es siempre el mismo: el Señor Jesucristo, el anuncio de su Pascua y la gracia de una vida nueva en él, mediante el don del Espíritu. Luego, según las circunstancias, este único tema se declina de diferentes maneras. Este año, en conmemoración de los ochocientos años de la muerte de San Francisco y en el Año Jubilar querido por el Santo Padre para esta recurrencia, para un predicador apostólico franciscano la elección era casi natural: proponer al Pobrecillo de Asís como itinerario concreto de conversión y de vida evangélica.

El Padre Roberto Pasolini, predicador de la Casa Pontificia. (Foto: VATICAN MEDIA )

Hace menos de tres meses concluyó el Jubileo de la Esperanza. Una esperanza puesta a prueba por las guerras, las tensiones y los temores. ¿Cómo vivir el tiempo cuaresmal en medio de todo esto?
La esperanza cristiana lleva el signo de la cruz: es a la vez luminosa y frágil. Dios ha elegido gobernar el mundo con amor, respetando nuestra libertad. Se ha tomado en serio el misterio del mal y de la violencia, pero ha decidido afrontarlo solo con la fuerza del bien. Por eso los caminos de la paz son lentos: dependen de corazones y mentes dispuestos a acoger la lógica de la cruz y a vivirla con humilde valentía en medio de los conflictos. Sin embargo, la semilla de una nueva civilización —la de la fraternidad— ya ha sido plantada. El Reino de Dios «en todo el mundo da fruto y se desarrolla». El problema es que el ruido de las guerras a menudo cubre el silencioso crecimiento del bien. Nos cuesta creer que la humilde fuerza del amor, al final, genere frutos duraderos de justicia y paz.

¿Encontrará espacio de alguna manera la actualidad en sus meditaciones?
No de manera directa. No creo que sea esa mi tarea aquí. Sin embargo, solo una visión abstracta de la fe puede imaginar una separación entre el Evangelio y la vida concreta. A menudo pensamos que, por un lado, están los valores cristianos y, por otro, la realidad, con sus tensiones. Es el signo de un cristianismo reducido a teoría o a ideal inalcanzable. Pero cuando el Evangelio nos toca de verdad, cambia inmediatamente nuestra forma de vivir. Y al cambiar nosotros, también cambia el mundo: nos volvemos más capaces de amar, de crear justicia, de ampliar la fraternidad, simplemente dejando que actúe en nosotros el Espíritu que nos conforma a Cristo.

Además de la violencia militar, hoy en día también se registra violencia verbal. El Papa invita a ayunar de palabras que hieren. ¿Qué palabras sugiere utilizar en este tiempo?
No creo que el desarme lingüístico se reduzca a una lista de palabras que hay que decir o evitar. Una lista así tendría que actualizarse continuamente. Lo que genera violencia no son solo las palabras, sino los tonos y las intenciones. Somos violentos cuando hablamos sin escuchar. Cuando presumimos conocer al otro sin comprender sus razones. Cuando hablamos solo para afirmarnos a nosotros mismos. Cuando no elegimos con cuidado las palabras adecuadas para la situación. Y corremos el riesgo de herir incluso cuando, al hablar desde posiciones de autoridad o privilegio, no tenemos en cuenta la influencia que ejercen nuestras palabras. El desarme verbal surge de una pregunta sencilla: ¿estamos dispuestos a afrontar el esfuerzo del diálogo y a construir relaciones respetuosas y equitativas?

La conversión al Evangelio según San Francisco será el hilo conductor de sus reflexiones. ¿Qué mensaje ofrece hoy su figura? ¿Por qué sigue siendo actual?
San Francisco es actual porque nos recuerda, de manera clara y radical, que Dios está vivo y puede habitar en nuestra vida si le abrimos espacio. En una época en la que el cristianismo corre el riesgo de reducirse a un esfuerzo moral o a una coherencia ética, su experiencia nos devuelve a lo esencial: el Evangelio como palabra viva, para escuchar y vivir con libertad. Francisco habla al corazón de todos porque ha captado las expectativas más profundas del ser humano: reconocernos hermanos y hermanas, mirar a la creación con gratitud, construir una convivencia más justa y pacífica. Su actualidad no depende de las celebraciones, sino de su capacidad para mostrar que una vida reconciliada con Dios se vuelve inmediatamente más humana, más sencilla, más fraterna.

SALVATORE CERNUZIO

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