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Tierra Santa, un quinto Evangelio que comienza en Jordania

enero 17, 2026
en featured, Testimonios, ACTUALIDAD, Iglesia, OPINION, Internacional
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El país ha sido escenario de numerosos episodios bíblicos: desde el éxodo guiado por Moisés hasta el bautismo de Jesús. Las presencias cristianas tienen orígenes antiquísimos.

Cuando se piensa en Tierra Santa, cuando se habla de Tierra Santa, resulta natural referirse a los lugares históricos de la vida de Jesús en Palestina e Israel: Belén, Nazaret, Cafarnaúm, Jerusalén… Pero hay otro país sembrado de memorias cristianas que merece convertirse en destino de peregrinación: Jordania. Es la tierra que atravesó el pueblo hebreo guiado por Moisés hacia la tierra de la promesa, donde tuvieron lugar numerosos episodios bíblicos y también evangélicos. Es la tierra desde la que Moisés, antes de morir, pudo contemplar Canaán. Es la tierra donde Jesús fue bautizado por Juan el Bautista, donde el Nazareno encontró a sus primeros apóstoles, Andrés y Pedro, donde curó y realizó milagros.

En un contexto difícil -basta recordar los países con los que limita: Siria, Irak, Arabia Saudí, Israel y Palestina- Jordania destaca por su estabilidad y por la convivencia pacífica entre las distintas tradiciones religiosas. Los cristianos son una minoría, alrededor del 4% de la población, y se sienten ciudadanos de pleno derecho: gestionan escuelas y hospitales y, en el caso de los católicos de rito latino, constituyen la parte más numerosa de la diócesis guiada por el patriarca latino de Jerusalén. Destino turístico por sus complejos en el mar Muerto y el mar Rojo, y sobre todo por la extraordinaria belleza de Petra -la antigua ciudad nabatea excavada en la roca, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1985-, Jordania busca ahora valorizar cada vez más su patrimonio cristiano.

Aqaba y Petra
La iglesia de Aqaba, del siglo III, es presentada como el edificio construido expresamente para celebraciones cristianas más antiguo del mundo. Fue sacada a la luz por los arqueólogos en 1998. Es probable que su ubicación periférica dentro del Imperio romano la salvara de la destrucción durante la Gran Persecución, iniciada pocos años después de su construcción, en el 303, con el edicto del emperador Diocleciano.

Sus restos fueron descubiertos en la ciudad costera jordana a orillas del mar Rojo en junio de 1998 por un grupo de arqueólogos. Desde el primer momento resultó evidente la singularidad del edificio por su estilo arquitectónico, que cuestionaba la idea, ampliamente difundida entre los historiadores, de que los primeros edificios de culto cristiano en Jordania dataran de finales del siglo IV. Quien escribe formó parte de un grupo al que se le permitió celebrar la misa, una soleada tarde de domingo, entre aquellas ruinas, protegidas por una cubierta abierta en los laterales, en el centro de una plaza: el hecho de que los cristianos puedan celebrar el culto de forma tan pública confirma la vocación de un país de mayoría musulmana donde conviven distintas confesiones religiosas.

También la magnífica ciudad de Petra conserva importantes memorias cristianas, en particular una iglesia bizantina con mosaicos de los siglos V y VI que representan escenas de la vida cotidiana y de la naturaleza, y muestran el paso de decoraciones paganas a motivos cristianos. Cuenta con uno de los mayores baptisterios de la Antigüedad, realizado a partir de una antigua cisterna. Una capilla basilical adyacente es conocida como la “iglesia azul”, por el granito azulado de origen egipcio. Fue construida sobre un anterior edificio de culto nabateo y más tarde destruida por incendios y terremotos.

Monte Nebo
Se trata de una cima de gran belleza, con una vista única en la región. Desde allí se contemplan el mar Muerto y el desierto de Judea, el valle del Jordán y las montañas de Judea y Samaría. En los días despejados se distingue Jerusalén y el camino que conduce a la Ciudad Santa.

El descubrimiento y las excavaciones de este lugar se deben a la Custodia de Tierra Santa y, en particular, al fraile Girolamo Mihaic, que en 1932 logró adquirir el terreno. Las campañas arqueológicas, realizadas en los años treinta y luego a comienzos de los sesenta -interrumpidas por los conflictos armados y retomadas en los años setenta por el padre Michele Piccirillo-, sacaron a la luz un patrimonio único.

Del Monte Nebo hablan tanto la peregrina Egeria, pionera de los viajes a Tierra Santa a finales del siglo IV, como Pedro el Ibérico, futuro obispo monofisita de Gaza. Las excavaciones han revelado auténticos tesoros, especialmente mosaicos bizantinos conservados en su integridad. Hoy es posible distinguir los restos de la primera basílica, datada en el año 430, las estancias monásticas construidas posteriormente, la nueva y majestuosa basílica del siglo V con tres ábsides, un antiguo baptisterio, la basílica del siglo VI y la capilla de la Theotokos. Las estructuras sufrieron a lo largo de los siglos los efectos de diversos terremotos. Desde 2016, los peregrinos son acogidos en una basílica reconstruida con gran sensibilidad, utilizando madera para distinguir claramente lo antiguo sin que lo moderno lo eclipse.

Maqueronte
En este monte se alzaba una fortaleza asmonea construida en el año 90 antes de Cristo por el rey Alejandro Janeo. El bastión fue destruido por los romanos y, en el 30 antes de Cristo, Herodes el Grande comenzó a edificar allí un palacio-fortaleza donde pasaba el invierno. Desde este lugar también se disfruta de una vista excepcional.

Los restos hallados hablan de un palacio excavado en la montaña, rodeado por un poblado destinado a la servidumbre. Desde aquí Herodes el Grande solía desplazarse para tratarse en el mar Muerto. Según la tradición, entre estos muros fue encarcelado Juan el Bautista y aquí Herodes Antipas accedió al deseo de Salomé, ordenando su decapitación. La fortaleza fue destruida por el rey Aretas IV en el año 37 y arrasada definitivamente por los romanos en el 71.

El bautismo de Jesús
El lugar evangélico más significativo es, sin duda, aquel donde tuvo lugar el bautismo de Jesús, la “Betania al otro lado del Jordán” mencionada en el Evangelio de Juan. En los primeros siglos del cristianismo era conocida como Bethabara y hoy como Al-Maghtas, término árabe que significa “bautismo” o “inmersión”. Aparece también en el famoso mapa de Madaba -otro de los lugares que visitar en Jordania-, un mosaico del siglo VI.

Importantes hallazgos arqueológicos confirman la identificación del lugar. Entre finales del siglo V y comienzos del VI, el emperador bizantino Anastasio I Dicoro mandó construir el primer templo dedicado a Juan el Bautista, descrito por los peregrinos de la época. Posteriormente se edificó la basílica de la Santísima Trinidad, una iglesia de al menos 27 metros de largo y más de 15 de ancho. En los alrededores, las excavaciones han sacado a la luz cuevas de ermitaños, capillas, mosaicos, pavimentos de mármol y un gran baptisterio en forma de cruz. Muy cerca han aparecido también restos vinculados a la memoria del profeta Elías.
En 2015, toda el área fue declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO. También aquí llama la atención la decisión de preservar el lugar sin intervenciones invasivas, como explica el director del sitio del Bautismo, Rustom Mkhjian: solo ligeras estructuras de madera cubren algunos puntos del yacimiento.

Pizzaballa: un octavo sacramento
«La Tierra Santa -afirma el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén- es un quinto Evangelio. Me gusta definirla también como una especie de octavo sacramento, porque permite vivir una experiencia de encuentro con Jesús, física, tangible. Todos pueden ser perfectamente cristianos sin ir a Tierra Santa, pero quien va a Tierra Santa ve fortalecida y concretada su fe cristiana…».

Desde Jordania, el cardenal lanza este llamamiento a intensificar las peregrinaciones. Una invitación a tocar con las manos las piedras que dan testimonio de la vida de Jesús y a encontrarse con las piedras vivas que representan las comunidades cristianas de hoy: «Animo a todos a venir a Tierra Santa para vivir esta maravillosa experiencia de encuentro con Jesucristo y con su humanidad».

ANDREA TORNIELLI
Vatican News

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