Puede que lleven razón aquellos que consideran que detrás de la nacionalización a mansalva de personas llegadas irregularmente a España exista una clara intencionalidad política de sacar partido, aumentando el censo de parte.
Tras ocho años de la utilización del poder a conveniencia y barra abierta, sería ingenuo creer que Sánchez y sus cuates ponen en marcha una operación de tanto calado porque se les abren las carnes ante las penalidades que sufren los que han llegado a España de aquella manera. No parece fácil creer semejante cosa; si así fuera, se hubiera enfrentado el problema de otra forma, con más garantías y sin una premura que conduce rumbo a lo desconocido. Más bien, una inmensa mayoría de ciudadanos españoles se apunta a la creencia de que la trama gubernamental y la patulea de la izquierdona que le jalea buscan otra cosa: suplantar el censo de nacionales, esto es, cobrar ventaja de salida ante unas elecciones locales, autonómicas y generales. Eso de que no pueden votar en las generales no se lo cree nadie.

De modo y manera que la medida no es en absoluto indiferente, neutra y mucho menos inocente; el hecho de que el Gobierno Sánchez se haya metido de hoz y coz en este asunto, demostrando un inusitado interés en la regularización de casi un millón de irregulares y la posterior nacionalización de otro millón de inmigrantes ya residentes que unir a los millones anteriores agraciados con una medida que cambiará de raíz, además de otras virtualidades en blanco y negro, el censo electoral cambiará por completo y los servicios públicos colapsarán sí o sí. Porque no parece que la economía española esté para tirar, en la práctica, muchos cohetes. Que se lo pregunten a los pensionistas y a los jóvenes que cobran el SMI y no pueden tener habitación propia.
Al menos, las podemitas Belarra y Montero lo dijeron alborazadas en su día: la regularización a gogó busca suplantar «fachas» (la mujer de Pablo Iglesias dixit) por «trabajadores”. Este es el asunto. Estamos en presencia de lo que se ha dado en llamar «teoría del reemplazo», tan brutal como sencilla. Claro que, de una manera u otra, esos millones (se calculan cuatro) de «nuevos españoles» podrán votar y no sólo para elegir alcaldes. Dirigentes socialistas están últimamente más por los países de Hispanoamérica que en España. Perpetran un fraude en el voto de cualquier manera que se quiera entender esto.
¿Le interesan a Sánchez los inmigrantes? ¡Tanto como la suerte de Ábalos, Koldo o Cerdán! Absolutamente nada. Le interesan en tanto en cuanto pueda contar con sus votos y evitar cualquier reemplazo en la poltrona presidencial.
Europa ya ha visto por dónde va nuestro ínclito presidente. Y a este paso le pondrán mirando a Estrasburgo. Porque cualquier nacionalidad española que se dé aquí a cualquier inmigrante, con exigidos requisitos tan vacuos y absurdos, podrá deambular por los amplios caminos europeos mientras el espacio Schengen exista. Es el primer logro de la Europa comunitaria que, a poco, dejará de existir.
¡Gracias, Sánchez!

GRACIANO PALOMO
Publicado en OKdiario el 25.4.2026
