Multitudes llenan las calles con cantos, danzas y esperanza para recibir al Santo Padre. En su primer día, León XIV pone en el centro a los más vulnerables y reaviva el anhelo de paz en Camerún.
Yaundé (Camerún), 15 de abril 2026.- Desde las primeras horas de la mañana, la capital camerunesa se convirtió en un río humano de fe y esperanza. Calles colmadas, rostros radiantes, manos alzadas: así recibió el pueblo al Papa León XIV en su primer día en Camerún este miércoles 15 de abril de 2026. Familias enteras, jóvenes, niños, ancianos, sacerdotes, salieron a su encuentro con carteles, banderas, pancartas, vestimentas tradicionales, cantos y danzas que expresaban una alegría incontenible de un pueblo que ve por cuarta vez a un Sucesor de Pedro en sus benditas y desafiantes tierras, en medio de un estricto dispositivo de seguridad.
De este modo, miles de personas respondieron a la invitación dirigida a las comunidades parroquiales de aproximarse hacia los diferentes puntos neurálgicos del recorrido del Pontífice para saludar y recibir una bendición del Santo Padre.
Los pequeños que preparan la casa
Mientras la ciudad vibraba, en el corazón de Yaundé, tras el encuentro de Prevost con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, en el orfanato Ngul Zamba, otro tipo de emoción tomaba forma. Allí, decenas de niños -algunos muy pequeños- limpiaban, ordenaban y decoraban con esmero. Sobre sus cabezas, una pancarta con la imagen del Papa parecía anticipar el momento esperado.
Son 64 niños y jóvenes, entre tres y 18 años, marcados por historias difíciles: abandono, rechazo. Sin embargo, en estos días, la incredulidad se mezcla con la alegría. El Papa ha elegido precisamente su casa para encontrarse con ellos.
“Acogemos a niños encontrados en la calle, niños rechazados… incluso recién nacidos”, explica a los medios vaticanos la superiora general, madre Régine Cyrille Ngono Bounoungou, de la Congregación de las Hijas de María de Yaundé. “Nunca habríamos imaginado que el Papa vendría hasta aquí. Su llegada es una gracia inmensa”.
Una obra nacida del abandono
El orfanato Ngul Zamba nació entre 1982 y 1983 por iniciativa de sor Marie Bernard Ekoumou, en el barrio de Ngoa-Ekelle, una zona entonces marcada por la precariedad y el riesgo. Su intuición fue simple y radical: ofrecer un hogar a los más vulnerables.

Hoy, el centro es el núcleo de un complejo educativo que incluye una escuela primaria y un colegio, destinados a dar no solo techo, sino también futuro.
Pero las dificultades persisten. Alimentar a los niños, garantizar atención médica, combatir enfermedades como la malaria o las infecciones gastrointestinales representa un desafío constante.
“No tenemos una fuente de ayuda fiable”, admite la madre Régine. “Hay gestos de solidaridad, pero no un apoyo continuo. Por eso esta visita también es una oportunidad para sensibilizar”.
“Se sentirán amados”
Para sor Christabel, directora de la escuela asociada, la visita del Papa tiene un valor que trasciende lo material: “Será un momento de gran alegría. Los niños se sentirán amados… sostenidos por la autoridad de la Iglesia”.
En cada gesto, en cada palabra esperada, se concentra una necesidad profunda: la de pertenecer, la de ser reconocidos, la de sanar.
La visita del Papa León XIV llega en un momento delicado para Camerún. Tras las tensiones surgidas después de las últimas elecciones y un conflicto que desde hace una década enfrenta a comunidades anglófonas y francófonas, el país vive una situación marcada por el sufrimiento y la división.
Ngwa Colin Suh, periodista católico local, lo expresa con claridad: “Creemos que su mensaje de paz traerá sanación. Es un líder espiritual, no político. Y eso es lo que necesitamos”.
La esperanza es compartida más allá de las confesiones: católicos, protestantes, musulmanes; francófonos y anglófonos. Todos miran hacia Roma -y hoy hacia Yaundé- esperando una palabra que invite a “vivir juntos, trabajar juntos y convivir en paz”. Y la encontraron, ya que el Pontífice se dirigió a los más frágiles haciéndose cercano a su dolorosa realidad y recordándoles el llamado a construir un futuro más grande que las heridas.
«Son portadores de una promesa», les manifestó: «Porque ahí donde puede haber miseria, sufrimiento o injusticia, Dios está presente, conoce sus rostros y está muy cerca de ustedes. El Evangelio nos recuerda que Jesús tenía una predilección especial por los niños como ustedes, los ponía en el centro. Sepan que Él los mira hoy a cada uno de ustedes con el mismo afecto».
“Es un recordatorio de que somos humanos”
Sor Claudine Boloum se tomó unos días libres de su misión en el norte del país y se trasladó específicamente a Yaundé para compartir este momento histórico. Sus declaraciones resumen el sentir de muchos: después de las elecciones de octubre de 2025, mucha gente sufre, y a veces sienten que el mundo los ha olvidado.
Y sin embargo, la presencia del Sucesor de Pedro ha cambiado algo en el ambiente y en los corazones: “Se ve la alegría en los rostros. Es como un recordatorio de que nosotros también somos humanos”.
En este primer día en Camerún, más allá de la dimensión institucional que acompaña inevitablemente a todo viaje pontificio, el Papa tuvo la ocasión de sumergirse de manera directa en la realidad concreta de una de las múltiples obras a través de las cuales la Iglesia católica despliega su amplia y sostenida labor caritativa en esta nación. No se trató únicamente de una visita protocolaria, sino de un encuentro vivo con personas, historias y esfuerzos que encarnan, en lo cotidiano, un compromiso profundo con los más vulnerables.
Allí pudo apreciar de cerca una acción pastoral que no solo responde a necesidades inmediatas, sino que también construye, de forma silenciosa pero constante, espacios de reconciliación, dignidad y esperanza. En este sentido, dicha labor adquiere un valor que trasciende lo asistencial para convertirse en un actor relevante y estratégicamente decisivo dentro del complejo y siempre inacabado camino de búsqueda de concordia social, donde cada gesto de solidaridad contribuye a tejer vínculos más justos y duraderos.
SEBASTIÁN SANSÓN FERRARI
Enviado especial a Yaundé