En el Foro GreenAccord, el investigador Krzysztof Szadejko destaca que la conciencia climática entre los jóvenes está cada vez más vinculada a la incertidumbre, el miedo y la falta de planificación a largo plazo.
Treviso, Italia.- Durante la tercera jornada del 17º Foro Internacional GreenAccord, que se celebra en Treviso del 18 al 21 de marzo de 2026, en el norte de Italia, el debate sobre la crisis climática fue más allá de las políticas y la tecnología para centrarse en su impacto psicológico, particularmente en las generaciones más jóvenes.
Krzysztof Szadejko, profesor de metodología y estadística en Módena, en el norte de Italia, y especialista en psicotraumatología y gestión del estrés en Milán, intervino ante los participantes del Foro presentando una investigación sobre cómo los jóvenes están reaccionando al cambio climático.
Sus conclusiones muestran un patrón claro: la conciencia es alta, pero no se traduce en confianza hacia el futuro.

La conciencia de los jóvenes
En declaraciones a Vatican News al margen del evento, Szadejko aseguró que “los jóvenes son muy sensibles. Son conscientes de lo que está ocurriendo”. Sin embargo, esa conciencia está generando más miedo que acción. En su estudio, más del 40% de los participantes afirmó no visualizar su futuro en términos concretos, es decir, no está realizando planes a largo plazo.
Algunas respuestas van aún más lejos. Al ser preguntados por el impacto del cambio climático en sus vidas, varios participantes hablaron de la decisión de no tener hijos o no formar una familia debido a la incertidumbre sobre el futuro. Szadejko calificó estas respuestas de “muy tristes”, subrayando el peso que esta percepción tiene entre los jóvenes.
También destacó que el cambio climático no se vive de forma aislada. Otros factores -como la guerra y las recientes crisis sanitarias globales- contribuyen a una sensación más amplia de inestabilidad. “Es una gran mezcla”, explicó, sugiriendo que estas preocupaciones superpuestas intensifican la incertidumbre en lugar de permitir respuestas claras.
En este contexto, los sistemas educativos actuales parecen insuficientes. Aunque existen algunas iniciativas, a menudo impulsadas por docentes individuales o por organizaciones como Greenpeace, Szadejko considera que su alcance es limitado. “Hay muy pocos programas y muy poca atención”, afirmó, señalando que la educación climática aún no está integrada de manera sistemática.

Información que debe ser escuchada
El problema, sin embargo, no afecta solo a las generaciones más jóvenes. Szadejko evidenció una brecha entre grupos de edad, argumentando que las generaciones mayores tienden menos a reconocer el impacto de su estilo de vida en el medio ambiente. “Los jóvenes son conscientes de la situación”, dijo. “Pero nuestra generación está acostumbrada a un determinado estilo de vida”.
Para él, la investigación desempeña un papel clave, aunque solo como punto de partida. Los datos pueden ayudar a explicar lo que está sucediendo y fomentar la responsabilidad, pero deben conducir a la acción. Esto implica una mayor concientización pública -principalmente entre la población adulta- y un compromiso político más decidido.
“Toda esta información debería ser escuchada por los gobiernos”, subrayó, insistiendo en que los resultados no deben quedar confinados al ámbito académico. “Gobiernos, en plural”, enfatizó. Aunque su estudio se basa en Italia, considera que las implicaciones son más amplias y requieren atención internacional. También destacó la necesidad de una acción coordinada: “Podemos tirar del carro desde muchos lados, pero debemos hacerlo en la misma dirección”, afirmó, llamando a una mayor colaboración entre gobiernos.
Necesidad de apoyo
La falta de acción, advirtió, corre el riesgo de reforzar el sentimiento de aislamiento entre los jóvenes. Uno de los hallazgos centrales de su investigación es que muchos se sienten sin apoyo. “Los jóvenes se sienten solos, no ayudados”, afirmó, añadiendo que las instituciones tienen la responsabilidad de abordar esta situación.
De cara al futuro, Szadejko sostuvo que se necesita más investigación, sobre todo en distintos países y contextos culturales. El cambio climático -concluyó- debe estudiarse no solo como un problema ambiental, sino también por su impacto en el bienestar psicológico y social de las personas. Los resultados actuales son solo parciales. Una comprensión más completa dependerá de una investigación sostenida y colaborativa a nivel internacional.
FRANCESCA MERLO
